{"id":60,"date":"2016-01-30T22:05:30","date_gmt":"2016-01-30T21:05:30","guid":{"rendered":"http:\/\/pacoperez.com\/blog\/?p=60"},"modified":"2016-01-30T22:05:30","modified_gmt":"2016-01-30T21:05:30","slug":"23052013-5","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.pacoperez.com\/blog\/2016\/01\/30\/23052013-5\/","title":{"rendered":"23\/05\/2013"},"content":{"rendered":"<p>La oficina de los verificadores de billetes<\/p>\n<p>Dentro de las m\u00e1quinas que cuentan dinero hay peque\u00f1as oficinas de chinos que se encargan de verificar que los billetes y las monedas que entran son aut\u00e9nticos.<\/p>\n<p>Su universo es distinto al nuestro, sus escalas de tama\u00f1o y tiempo son mucho m\u00e1s peque\u00f1as. Un segundo nuestro equivale a veinte minutos de su tiempo diminuto y un billete de cincuenta euros es como una enorme pantalla de cine para ellos.<\/p>\n<p>La sala en la que trabajan es el\u00edptica, de techo alto, se encuentra en penumbra, iluminada s\u00f3lo por el resplandor que entra por la pared del fondo, que es completamente de cristal. Tras ese cristal, fuera de la sala de control, se detiene cada minuto un billete enorme de catorce metros de ancho por ocho de alto aproximadamente. Los hay un poco m\u00e1s grandes y un poco m\u00e1s peque\u00f1os.<\/p>\n<p>La oficina cuenta con cuatro empleados. El encargado y dos operarios se hallan de pie, siempre movi\u00e9ndose cerca del cristal. El cuarto empleado est\u00e1 sentado tras una mesa y mira atentamente la pantalla de un ordenador. Unos metros por detr\u00e1s de su silla se encuentra la puerta de esa oficina. Est\u00e1 cerrada, pero tras ella debe de haber bastante luz porque se ve perfectamente la delgada l\u00ednea que separa a la puerta del marco, iluminada uniformemente. Visten ropa de oficinistas, pantal\u00f3n y camisa, pero sin corbatas. El encargado lleva unas gafas de pasta y le sobresale ligeramente la barriga por encima del borde del cintur\u00f3n. Es el de mayor edad de los cuatro.<\/p>\n<p>Como son chinos evidentemente hablan en chino entre ellos, y utilizan palabras como <em>h\u0103o<\/em>, <em>xi\u00e8xi\u00e8<\/em> y <em>zu\u00f2<\/em>, que son habituales en el ambiente de oficinas chinas.<\/p>\n<p>Una vez por minuto un billete de catorce metros se coloca suavemente tras el cristal. Es tan grande que se ven todos los detalles con absoluta nitidez. El espacio entre los trazos y las filigranas, la textura del papel. Justo cuando est\u00e1 encajado se activa un cron\u00f3metro en una de las paredes laterales y unos d\u00edgitos rojos comienzan a descontar sesenta segundos. Se enciende tambi\u00e9n una potente luz blanca que ilumina el billete por completo.<\/p>\n<p>Entonces el encargado emite una serie de \u00f3rdenes cortas y precisas del tipo \u2018estrobosc\u00f3pica azul\u2019, \u2018correcto\u2019, \u2018estrobosc\u00f3pica roja\u2019, \u2018correcto\u2019. Mientras lo hace, los dos operarios se mueven \u00e1gilmente arriba y abajo, a izquierda y derecha, subidos a unos soportes cuyas barandillas les llegan por la cintura. Cuentan con una serie de herramientas, como lupas y linternas, que utilizan cada pocos segundos deteni\u00e9ndose en puntos concretos de la superficie del billete, que permanece inm\u00f3vil tras el cristal. La actividad de los operarios va dejando una serie de marcas rojas, verdes y amarillas sobre el cristal que el oficinista sentado tras el ordenador anota cuidadosamente mirando alternativamente al cristal y a su pantalla.<\/p>\n<p>En la habitaci\u00f3n en penumbra se mueven sombras de distintos colores seg\u00fan el tipo de luz con la que se ilumina al billete en ese momento. Esas luces distintas hacen que el billete cobre apariencias muy diferentes al mostrar unos detalles y ocultar otros, de tal manera que durante esos instantes deja de parecer el billete que es.<\/p>\n<p>Cuando s\u00f3lo quedan cinco segundos para que el cron\u00f3metro de la pared llegue a cero, sus d\u00edgitos comienzan a parpadear y a emitir un pitido suave y nasal avisando de la retirada del billete. Justo en esos \u00faltimos cinco segundos el encargado emite su veredicto y dice con voz alta y clara, \u00a1CORRECTO!, a lo que el oficinista tras el ordenador introduce este resultado y la oficina se ilumina de verde por un instante; o bien, \u00a1NO ES CORRECTO!, y la oficina se ilumina moment\u00e1neamente de rojo.<\/p>\n<p>Entonces el billete se desplaza suavemente hacia abajo en su enormidad y otro del mismo tipo lo reemplaza. El cron\u00f3metro vuelve a comenzar la cuenta atr\u00e1s.<\/p>\n<p>En el mundo exterior, una se\u00f1ora mayor de unos setenta y tantos a\u00f1os, con el pelo blanco y los movimientos imprecisos propios de su edad, vuelve a meter por segunda vez un billete de cincuenta euros en la m\u00e1quina que tiene que cobrarle el bocadillo que pretende comprar. La m\u00e1quina se lo traga un segundo y lo devuelve con un mensaje de billete no v\u00e1lido. Detr\u00e1s de ella esperamos pacientemente una cola de gente con las bandejas amarillas formando un tren sobre las barras del autoservicio.<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Pero si me lo ha dado el Banco esta ma\u00f1ana! \u2013 dice sorprendida la anciana, y vuelve a introducirlo por la ranura iluminada de azul.<\/p>\n<p>En el interior de la m\u00e1quina llevan casi media hora sin recibir ning\u00fan billete, cuando les llega el siguiente se dan cuenta de que es el mismo que el \u00faltimo que rechazaron. Aun as\u00ed se ponen a examinarlo con la misma minuciosidad que hacen con cada uno de los que reciben, como si lo vieran por primera vez.<\/p>\n<p>Transcurrido el minuto de inspecci\u00f3n el encargado vuelve a decir \u00a1NO ES CORRECTO! Y comenta con sus oficinistas los detalles que hacen obvio que el billete es una falsificaci\u00f3n. El oficinista tras el ordenador hace unas anotaciones que quedan registradas en alguna base de datos.<\/p>\n<p>&#8211; Lo siento se\u00f1ora \u2013 dice el cajero \u2013 la m\u00e1quina no admite su billete y yo no puedo ponerlo de mi bolsillo como usted comprender\u00e1.<br \/>\n&#8211; Claro, claro \u2013 dice la se\u00f1ora despacio dejando el bocadillo envuelto en papel de plata sobre el mostrador y dando un paso atr\u00e1s para alejarse de la cola.<br \/>\n&#8211; Ya lo pago yo \u2013 le digo al cajero &#8211; \u00bfCu\u00e1nto es?<br \/>\n&#8211; Son tres treinta y cinco.<br \/>\n&#8211; Ay hijo, qu\u00e9 apuro me da que suceda esto \u2013 me dice la se\u00f1ora.<br \/>\n&#8211; No se preocupe mujer, es la mejor forma de solucionarlo. Total no se va a quedar usted sin comer porque a los chinos de la m\u00e1quina no les guste su billete.<\/p>\n<p>Los que estamos cerca del peque\u00f1o incidente sonre\u00edmos todos, incluida la se\u00f1ora, que adem\u00e1s no para de mostrar su agradecimiento.<\/p>\n<p>Mientras tanto, en el interior de la oficina, los verificadores de billetes caminan sosegadamente o esperan pacientemente apoyados contra las barandillas de sus soportes hora tras hora que un nuevo billete se ponga tras el cristal para hacer lo que mejor saben hacer. Incansablemente.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La oficina de los verificadores de billetes Dentro de las m\u00e1quinas que cuentan dinero hay peque\u00f1as oficinas de chinos que se encargan de verificar que los billetes y las monedas que entran son aut\u00e9nticos. Su universo es distinto al nuestro, sus escalas de tama\u00f1o y tiempo son mucho m\u00e1s peque\u00f1as. 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