{"id":348,"date":"2020-12-25T02:13:51","date_gmt":"2020-12-25T01:13:51","guid":{"rendered":"http:\/\/pacoperez.com\/blog\/?p=348"},"modified":"2020-12-25T02:13:51","modified_gmt":"2020-12-25T01:13:51","slug":"cuento-de-navidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.pacoperez.com\/blog\/2020\/12\/25\/cuento-de-navidad\/","title":{"rendered":"Cuento de Navidad"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hace fr\u00edo en la calle soleada. Es fr\u00edo de invierno. Es un fr\u00edo bonito. En Andaluc\u00eda el cielo se pone de un azul di\u00e1fano y liso, sin una nube. Siempre pienso que es lo m\u00e1s parecido al negro absoluto que se ve desde cualquier escotilla de la ISS mientras flota en su tensa trayectoria alrededor de la Tierra. Aqu\u00ed abajo, Andaluc\u00eda es la escotilla y la Tierra misma es la nave.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay una cola como de trescientas personas frente al cocedero de marisco. Espero y mientras espero, escribo. En la anodina espera, cualquier peque\u00f1o acontecimiento nos distrae a todos. Hay unos camioneros preguntando, de grupo en grupo, que qui\u00e9n es el due\u00f1o del Chevrolet gris, que no les deja sacar el tr\u00e1iler del aparcamiento. La encuentran, la conozco, es Esther, la mujer de Juan Carlos, hace meses que no nos vemos, quiz\u00e1 m\u00e1s de un a\u00f1o. Esther camina junto a los camioneros con la cabeza baja, como si fuera una especie de prisionera sin grilletes. Los dem\u00e1s les miramos porque no tenemos nada mejor que hacer.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mientras Esther desaparca el coche, veo que otro veh\u00edculo, varias filas m\u00e1s adelante en la bater\u00eda de coches aparcados, se marcha. Entonces camino tranquilamente hacia el hueco que ha dejado y, cuando Esther comienza a circular lentamente con la certeza de que tendr\u00e1 que ir muy lejos para reaparcar su coche, levanto el brazo y le hago se\u00f1as para que aparque all\u00ed. Qu\u00e9 sonrisa tan grande.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mucho rato despu\u00e9s voy a dejar la bandeja de marisco en casa de la que ser\u00e1 la anfitriona de la comida. Esta noche es Nochebuena y ma\u00f1ana Navidad, pero esta noche no podemos hacer cena por las restricciones del coronavirus, as\u00ed que hemos quedado todos para comer y merendar, que una cosa siempre lleva a la otra cuando no hay prisa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando ya estoy saliendo de la parcela, veo un gato encajado entre las ramas de unos arbustos altos, de unos dos metros, que se podaron hace unas semanas. Es un gato viejo, cabez\u00f3n, gris atigrado, y tiene la mirada vidriosa, yo dir\u00eda que est\u00e1 moribundo. Observo con un poco m\u00e1s de atenci\u00f3n y veo que sangra por el ano, las gotas impactan de vez en cuando en las hojas secas que hay a los pies de los arbustos. Mirando un poco m\u00e1s, comprendo que el gato est\u00e1 roto, lo han atropellado y le han roto las caderas, es incre\u00edble que el animal siga vivo y que haya conseguido subir hasta all\u00ed. La anfitriona me pregunta que si me lo puedo llevar y le digo que si tiene algunos guantes de jardinero y una toalla vieja. Me trae lo que le he pedido y me acerco al gato para sacarlo de entre las ramas. Me bufa, se eriza. Le agarro las patas delanteras con una mano y con la otra envuelvo la cabeza con la toalla. Tiro poco a poco, cada vez con algo m\u00e1s de fuerza pero no hay forma de soltarlo. Tiene las u\u00f1as de atr\u00e1s clavadas a las ramas. Cuando intento forzar m\u00e1s, el gato chilla de dolor y lo suelto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La anfitriona me dice que le da pena. A m\u00ed tambi\u00e9n me da pena, pero solo hay dos opciones, o llamamos a un veterinario y nos gastamos quinientos o mil euros en operarlo y escayolarlo o lo dejamos estar y que la naturaleza siga su curso. Somos pobres, as\u00ed que lo dejamos estar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Horas despu\u00e9s, cuando ya toda la familia ha comido en el jard\u00edn y las risas y las conversaciones cruzadas lo inundan todo, el gato baja del arbusto muy lentamente, como un mimo ejecutando movimientos extravagantes. Nadie se da cuenta, el gato es gris, es viejo, est\u00e1 alejado unos metros del centro de la celebraci\u00f3n y adem\u00e1s se est\u00e1 muriendo. Cuando las cuatro patas tocan el suelo, veo c\u00f3mo las caderas bailan sueltas por debajo del pelaje como juguetes en la bolsa de la playa. Por un momento, el gato mira hacia atr\u00e1s y busca mis ojos, a pesar de la distancia me est\u00e1 mirando a m\u00ed y yo a \u00e9l. Me levanto, cojo una rama larga que hay en el suelo y, con la horquilla de la punta, voy empujando al gato hacia la puerta de la parcela. El gato protesta, por el dolor, porque no quiere salir de ese lugar que de alguna manera le sirve de refugio o por lo que sea, yo no lo s\u00e9, pero al final entiende que quiero que se marche. Le empujo un poco m\u00e1s y \u00e9l solo comienza a andar hacia la salida con mucha dificultad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La anfitriona se ha acercado a m\u00ed cuando ya he cerrado la puerta de hierro de la entrada y me ha dicho de nuevo que le da mucha pena el animal. \u00bfY qu\u00e9 quieres que hagamos, pedimos cuarenta euros a cada uno de los que estamos aqu\u00ed y me voy al veterinario de urgencia? Son las cinco de la tarde y es Nochebuena, es un plan complicado. Ella guarda silencio y baja un poco la mirada con los ojos humedecidos por las l\u00e1grimas que retiene.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Volvemos a la larga mesa de celebraci\u00f3n con los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ya es de madrugada y estoy en casa, hace muchas horas de esto. El gato estar\u00e1 vivo (mal) o estar\u00e1 muerto, no lo s\u00e9, pero yo no dejo de pensar en que ese gato tambi\u00e9n soy yo, un ser humano m\u00e1s abandonado a su suerte. Sus patas rotas son mis alas atadas, por intentar no decir cortadas. Quiz\u00e1 sus patas se recuperen y con mis alas yo pueda volar un d\u00eda y alejarme de esta selva inmisericorde en la que vivo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace fr\u00edo en la calle soleada. Es fr\u00edo de invierno. Es un fr\u00edo bonito. En Andaluc\u00eda el cielo se pone de un azul di\u00e1fano y liso, sin una nube. 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