{"id":329,"date":"2019-05-12T19:40:50","date_gmt":"2019-05-12T17:40:50","guid":{"rendered":"http:\/\/pacoperez.com\/blog\/?p=329"},"modified":"2019-05-12T19:40:50","modified_gmt":"2019-05-12T17:40:50","slug":"alrosa-air-514-version-completa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.pacoperez.com\/blog\/2019\/05\/12\/alrosa-air-514-version-completa\/","title":{"rendered":"Alrosa Air 514 (versi\u00f3n completa)"},"content":{"rendered":"\n<p>Martes 7 de septiembre de 2010. El capit\u00e1n Andrei Lamanov y\nel primer oficial Yevgeny Novoselov charlan en la cabina del Tupolev Tu-154M.\nSon las tres de la madrugada y la noche est\u00e1 clara. Unos meses antes, en junio,\na esta hora ya estaba el sol fuera. Hace 6 grados en el exterior, una\ntemperatura agradable comparada con los cincuenta bajo cero que suele hacer en\ninvierno.<\/p>\n\n\n\n<p>Est\u00e1n en el aeropuerto de Udachny, en Yakutia, plena\nSiberia. Se dirigen a Mosc\u00fa y el vuelo promete ser apacible. El clima es bueno\ny las nueve de la ma\u00f1ana es una hora fant\u00e1stica para aterrizar cerca de Mosc\u00fa.\nTendr\u00e1n todo el mi\u00e9rcoles para descansar.<\/p>\n\n\n\n<p>La sobrecargo del vuelo, una mujer morena muy atractiva, se\nasoma a la cabina y le pregunta a los cuatro ocupantes si desean tomar un caf\u00e9\nantes de despegar.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Nada, sobrecargo, muchas gracias \u2013responde el capit\u00e1n con formalidad\u2013. Prepare a los pasajeros para el despegue, por favor.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Ahora mismo, se\u00f1or \u2013responde a su vez la sobrecargo con una sonrisa amable.<\/p>\n\n\n\n<p>Dentro de la cabina se oye amortiguado el ronquido grave de\nlos motores al ralent\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>A las 3:22 han completado las tareas de chequeo necesarias\npara el despegue y la torre de control les da permiso para despegar. Cinco\nminutos despu\u00e9s, el Tupolev trimotor acelera por la \u00fanica pista del aeropuerto\nPolyarny y despega con elegancia en la fresca ma\u00f1ana siberiana.<\/p>\n\n\n\n<p>A las siete de la ma\u00f1ana, cuando a\u00fan les quedan dos horas\npara llegar a su destino, en la cabina suena dos veces una alarma ascendente parecida\na las antia\u00e9reas de la segunda guerra mundial, pero con una duraci\u00f3n de solo un\nsegundo.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00bfQu\u00e9 pasa? \u2013pregunta el capit\u00e1n Lamanov.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Se ha desconectado el piloto autom\u00e1tico \u2013le responde el copiloto Novoselov.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante unos segundos intentan volver a activarlo pero no lo\nconsiguen. Abren el manual de vuelo y consultan las posibles causas de la\nincidencia. Cuando a\u00fan no han encontrado el motivo, otra alarma, esta de un\ntono plano que se repite cada segundo, comienza a sonar en el panel del\ningeniero de vuelo.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00a1Estamos perdiendo los sistemas el\u00e9ctricos! \u2013exclama el ingeniero con preocupaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Se nos ha ido tambi\u00e9n el sistema de navegaci\u00f3n \u2013a\u00f1ade el cuarto tripulante de la cabina.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Control, Alrosa cinco uno cuatro, tenemos problemas con los sistemas el\u00e9ctricos a bordo \u2013informa por radio el capit\u00e1n Lamanov.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Recibido, Alros\u2026 \u2013la respuesta de la torre de control se corta antes de terminar. Han perdido la radio y dem\u00e1s sistemas de comunicaciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras sucede esto en la cabina, los pasajeros se\nencuentran tranquilamente en sus asientos, dormidos, leyendo, o mirando por las\nventanillas la interminable y deshabitada tundra siberiana. El avi\u00f3n continua\nvolando aparentemente con la misma normalidad que ha volado hasta el momento.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00a1Se han apagado las bombas el\u00e9ctricas! \u2013exclama el ingeniero.<\/p>\n\n\n\n<p>Las bombas el\u00e9ctricas son las encargadas de llevar\ncombustible desde los tanques externos al tanque del que se alimentan los\nmotores, de manera que, aunque el combustible est\u00e1 ah\u00ed, dejar\u00e1 de llegar en\nbreve.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00bfCu\u00e1nto tiempo nos queda? \u2013pregunta el capit\u00e1n Lamanov.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Unos treinta minutos \u2013responde el ingeniero.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; De acuerdo, vamos a descender de inmediato, tenemos que aterrizar de emergencia \u2013anuncia el capit\u00e1n y empuja el tim\u00f3n hacia adelante para bajar el morro del avi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Al notar el descenso, la sobrecargo llama por el interfono a\nla cabina pero, al darse cuenta de que no funciona, se presenta directamente en\nla puerta. El capit\u00e1n le informa brevemente y le pide que prepare a los\npasajeros para un aterrizaje de emergencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Por primera vez en su vida, la sobrecargo siente un intenso\npellizco de miedo en el est\u00f3mago porque sabe que est\u00e1n volando sobre un\nterritorio completamente deshabitado y cubierto \u00fanicamente por \u00e1rboles. La idea\nde un aterrizaje de emergencia solo le sugiere una muerte segura. Con toda la\ntranquilidad de su experiencia como azafata, da las \u00f3rdenes necesarias para que\nla tripulaci\u00f3n y los pasajeros sepan lo que tienen que hacer a continuaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando el avi\u00f3n desciende por debajo de las nubes, los\ntripulantes ven la extensi\u00f3n inabarcable de la tundra siberiana serpenteada\nsolo por un r\u00edo del que desconocen hasta su nombre. Es el r\u00edo Izhma.<\/p>\n\n\n\n<p>Utilizan las cartas de navegaci\u00f3n para calcular su posici\u00f3n\ny buscar el aeropuerto m\u00e1s cercano, pero no hay ninguno al que puedan llegar\nantes de que se les agote el combustible. El capit\u00e1n decide entonces acuatizar\nel avi\u00f3n. Est\u00e1n volando a unos mil metros de altitud y, desde esa altura,\ncomienzan a alinear el avi\u00f3n con el sinuoso cauce del r\u00edo Izhma intentando\nencontrar un tramo ancho y recto.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00bfEso es una pista? \u2013pregunta el capit\u00e1n muy sorprendido, se\u00f1alando una zona rectangular despejada que hay delante y un poco a la derecha.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Eso parece \u2013responde el copiloto muy serio, calculando ya los movimientos que tendr\u00e1n que hacer para que el Tupolev pueda aterrizar all\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Esa pista no figura en las cartas de navegaci\u00f3n \u2013informa el navegante.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Abajo tren de aterrizaje \u2013ordena el capit\u00e1n.<\/p>\n\n\n\n<p>El Tupolev va demasiado deprisa para aterrizar, el problema\nes que no pueden desplegar los flaps porque, aunque el sistema hidr\u00e1ulico\nfunciona bien, el interruptor que activa los flaps es el\u00e9ctrico. Mala suerte.<\/p>\n\n\n\n<p>El avi\u00f3n se acerca a la cabecera de la pista a m\u00e1s de\ntrescientos kil\u00f3metros por hora. Los pasajeros guardan silencio, agarrados al\nasiento de delante, como si quisieran conocer su suerte por los sonidos que\noyen.<\/p>\n\n\n\n<p>El capit\u00e1n da orden de mover el m\u00e1ximo de pasajeros a los\nasientos delanteros para ganar presi\u00f3n en el frenado. Cuando est\u00e1n a tan solo\ncien metros de altura, el capit\u00e1n cancela el aterrizaje porque la pista es\ndemasiado corta.<\/p>\n\n\n\n<p>Al encarar el segundo intento, ven por las ventanillas que\nalgunos veh\u00edculos se han acercado a la pista abandonada, probablemente alertados\npor el primer intento o por la torre de control, que habr\u00e1n adivinado las\nintenciones de utilizar la antigua pista militar. La sobrevuelan de nuevo y\nabortan el aterrizaje por segunda vez. Ahora ya se han hecho una idea clara de\nlas posibilidades del terreno. La pista es muy corta, probablemente tiene\nquinientos metros menos de los que va a necesitar el Tupolev para frenar, pero\nya no les queda combustible para hacer m\u00e1s intentos.<\/p>\n\n\n\n<p>En el tercer intento disminuyen la velocidad tanto como\npueden y bajan hasta casi rozar las copas de los \u00e1rboles para posar las ruedas\nen el primer metro de asfalto disponible.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Todo el mundo listo \u2013dice concentrado el capit\u00e1n Lamanov mientras sujeta el tim\u00f3n con las dos manos.<\/p>\n\n\n\n<p>El avi\u00f3n toca tierra al comienzo de la pista y avanza\nvelozmente en l\u00ednea recta mientras aplican frenos y deflectores para detenerlo\nantes de que se estrelle contra los \u00e1rboles que hay al final.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Vamos, vamos \u2013masculla el capit\u00e1n.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando el avi\u00f3n se sale de la pista y comienza a rodar por\nla tierra que hay al final, los pasajeros empiezan a gritar aterrorizados. El\ncapit\u00e1n se las ingenia para girar el avi\u00f3n un poco hacia la izquierda y evitar\nel mayor n\u00famero posible de \u00e1rboles. Las alas arrancan varios de ellos y el\ncapit\u00e1n ruega en su interior que no se rompan los tanques de combustible que\ntodav\u00eda cargan medio llenos. Se maldice por no haberlos vaciado mientras\ndescend\u00edan.<\/p>\n\n\n\n<p>Algunos pasajeros miran por las ventanillas cuando oyen los\ncrujidos de los \u00e1rboles al romperse contra las alas, otros, en cambio, aprietan\nlos ojos con fuerza como intentando evitar que la muerte entre en ellos.<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente el avi\u00f3n se detiene y durante una fracci\u00f3n de\nsegundo solo se oye el silbido descendente de los sistemas que se est\u00e1n\napagando. De inmediato los pasajeros saltan de sus asientos, algunos con tanta\nprisa que olvidan desabrocharse el cintur\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Las azafatas han abierto las puertas de emergencia y han\ndesplegado los toboganes hinchables. Fuera hace dos grados. Fuera est\u00e1 la\ncontinuidad de la vida, por mucho fr\u00edo que haga. Los pasajeros se alejan del\navi\u00f3n como se alejar\u00edan de un edificio en llamas, aunque el avi\u00f3n ya solo es un\nobjeto inerte, el objeto que, unido a los cerebros de los pilotos, les ha\nsalvado la vida. Un avi\u00f3n de metal comandado por pilotos humanos, un ser\nbi\u00f3nico.<\/p>\n\n\n\n<p>En pocos minutos se acercan los escuetos servicios de emergencia que estaban, a pie de pista, esperando el dif\u00edcil aterrizaje. Uno de ellos es el operario Sergei Sotnikov, que, a pesar de que la pista llevaba cerrada desde 2003 al tr\u00e1fico a\u00e9reo, y \u00e9l ya no trabajaba all\u00ed, quiso mantenerla siempre limpia de matojos y obst\u00e1culos por si un d\u00eda hac\u00eda falta.<\/p>\n\n\n\n<p>El capit\u00e1n Lamanov le da la mano con un agradecimiento\nestoico, espartano, como probablemente solo se dan la mano las personas que con\nsu esfuerzo consiguen gestas heroicas.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras tanto, algunos pasajeros han comenzado a recoger\nchampi\u00f1ones. Es temporada.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Martes 7 de septiembre de 2010. El capit\u00e1n Andrei Lamanov y el primer oficial Yevgeny Novoselov charlan en la cabina del Tupolev Tu-154M. Son las tres de la madrugada y la noche est\u00e1 clara. Unos meses antes, en junio, a esta hora ya estaba el sol fuera. 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