{"id":299,"date":"2018-02-04T23:28:38","date_gmt":"2018-02-04T22:28:38","guid":{"rendered":"http:\/\/pacoperez.com\/blog\/?p=299"},"modified":"2018-02-04T23:28:38","modified_gmt":"2018-02-04T22:28:38","slug":"su-vida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.pacoperez.com\/blog\/2018\/02\/04\/su-vida\/","title":{"rendered":"Su vida"},"content":{"rendered":"<p>Esteban Rodr\u00edguez era un anciano tranquilo, de pelo blanco con algo de cresta, como si la moda punki de hace cuarenta a\u00f1os se hubiera quedado congelada en su cabello. Caminaba despacio por un sendero del Parque Norte. Las hojas de los \u00e1rboles se mov\u00edan de vez en cuando sopladas por una brisa c\u00e1lida. Llevaba bambas blancas y sus cortos pasos dejaban en el camino el dibujo zigzagueante de las suelas.<\/p>\n<p>De improviso, las huellas comenzaron a ser un poco m\u00e1s profundas, nada preocupante, apenas un cent\u00edmetro donde antes eran de solo un mil\u00edmetro, sin embargo, al avanzar un paso m\u00e1s y apoyar el pie derecho sobre la tierra, la bamba se hundi\u00f3 entera como si hubiera pisado algod\u00f3n y al perder el equilibrio y echar todo el peso sobre el paso en falso, el suelo cedi\u00f3 por completo abri\u00e9ndose un boquete de apenas medio metro de largo, por donde Esteban cay\u00f3 de malas maneras.<\/p>\n<p>Grit\u00f3 algo y maldijo algo mientras se colaba r\u00e1pidamente por el agujero golpe\u00e1ndose las piernas, las costillas, los brazos y la cara. En ese primer segundo ya se hab\u00eda roto alg\u00fan hueso. Rod\u00f3 muy deprisa por una pendiente de tierra y rocas mientras la poca luz que entraba por el agujero desaparec\u00eda en lo alto convertida en un punto que el polvo ocultaba.<\/p>\n<p>Durante la ca\u00edda algo le golpe\u00f3 violentamente el pie izquierdo produci\u00e9ndole un dolor inmenso que le hizo gritar con todas sus fuerzas.<\/p>\n<p>En poco menos de un minuto la pendiente lleg\u00f3 a su fin y choc\u00f3 con algo muy duro, probablemente una roca muy grande.<\/p>\n<p>\u00abAy, Dios m\u00edo\u00bb, estuvo a punto de susurrar dolorido, pero no pudo hacerlo porque un pu\u00f1ado de tierra le cay\u00f3 en la cara tap\u00e1ndole por completo la boca, la nariz y los ojos.<\/p>\n<p>Tosi\u00f3, escupi\u00f3, grit\u00f3 y se sac\u00f3 la tierra de encima d\u00e1ndose manotazos como pudo. La oscuridad era absoluta. Aparte de su respiraci\u00f3n, solo o\u00eda el leve e intermitente crujir de los granos de tierra al rodar a su alrededor.<\/p>\n<p>El pie izquierdo le dol\u00eda terriblemente. Tumbado de costado, como estaba, acerco la pierna al pecho para poder tocarse la extremidad da\u00f1ada. El problema, el macabro problema, es que el pie izquierdo ya no estaba all\u00ed. Sus manos tocaron, al final del pantal\u00f3n, un mu\u00f1\u00f3n empapado en el l\u00edquido caliente que sin duda era su sangre.<\/p>\n<p>Grit\u00f3 y grit\u00f3 y grit\u00f3, m\u00e1s por terror que por dolor. Ten\u00eda tantos golpes repartidos por el cuerpo que le era imposible concentrarse solo en el dolor del pie, lo cual, de alguna triste manera, era un alivio.<\/p>\n<p>El sonido de sus gritos le hizo suponer que se encontraba en un espacio de un par de metros, como el fondo de un pozo.<\/p>\n<p>Sobreponi\u00e9ndose al miedo y al dolor se sac\u00f3 el cintur\u00f3n del pantal\u00f3n y, doblando la pernera izquierda hacia arriba, lo amarr\u00f3 todo lo fuerte que pudo alrededor del mu\u00f1\u00f3n para evitar desangrarse.<\/p>\n<p>Extendi\u00f3 las manos hacia arriba, palpando la tierra hasta entender cu\u00e1l era la rampa por la que hab\u00eda ca\u00eddo. Entonces, hinc\u00f3 el codo derecho en el suelo y, con mucho esfuerzo, gir\u00f3 y se incorpor\u00f3 hasta quedarse de rodillas y con las manos apoyadas en el suelo.<\/p>\n<p>Alarg\u00f3 la mano derecha, en la m\u00e1s completa oscuridad, la clav\u00f3 en la tierra y a continuaci\u00f3n adelant\u00f3 la rodilla derecha unos cent\u00edmetros.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo era posible que le hubiera pasado aquello? Hac\u00eda solo unos minutos era un anciano saludable de setenta y dos a\u00f1os y ahora estaba bajo tierra, con un pie amputado y desangr\u00e1ndose lentamente. Probablemente morir\u00eda all\u00ed antes de que su familia lo echara de menos, lo encontraran y consiguieran sacarlo.<\/p>\n<p>Esteban Rodr\u00edguez sab\u00eda que la muerte le llegar\u00eda alg\u00fan d\u00eda, pero fantaseaba con la idea de llegar a los noventa. Quince o veinte a\u00f1os m\u00e1s de vida dan para mucho. A su edad ya hab\u00eda visto morir a mucha gente y se imaginaba que un d\u00eda le tocar\u00eda a \u00e9l pasar por el mismo proceso: empezar a visitar urgencias con cierta frecuencia, entradas y salidas del hospital, hasta que una de las entradas fuera la \u00faltima. Alguna infecci\u00f3n que los antibi\u00f3ticos no curar\u00edan o un fallo de varios \u00f3rganos importantes. Sus familiares d\u00e1ndole \u00e1nimos pero todos entendiendo que el momento hab\u00eda llegado. Y finalmente \u00e9l mismo abandon\u00e1ndose a los efectos de la morfina y entrando en la inconsciencia. Le daba v\u00e9rtigo imaginarse muriendo, \u00bfdejarse ir para no volver? Raro, muy raro.<\/p>\n<p>En el Parque Norte iba cayendo la tarde y las sombras alargadas de los \u00e1rboles se confund\u00edan con el agujero que involuntariamente hab\u00eda abierto Esteban en el suelo.<\/p>\n<p>No ten\u00eda m\u00f3vil, ni mechero, nada que pudiera darle un poco de luz, le dol\u00eda todo el cuerpo, especialmente el pecho y la pierna izquierda. Poco a poco iba ascendiendo a oscuras por lo que supon\u00eda que era la v\u00eda de salida. Una mano adelante, la tierra y las piedras entre los dedos, una rodilla adelante, la otra mano adelante, la otra rodilla. Resoplaba de cansancio y de dolor.<\/p>\n<p>Los pantalones, al estar sin cintur\u00f3n, se le hab\u00edan ido bajando y arrastraban con ellos los calzoncillos, lo que dificultaba el movimiento de las piernas. Adem\u00e1s, cuando resbalaba, restregaba los genitales por el suelo y el dolor era insoportable.<\/p>\n<p>Un mont\u00f3n de tierra y piedras se desprendi\u00f3 de alg\u00fan sitio y le cay\u00f3 encima llen\u00e1ndole la boca, la nariz y los ojos. A los dolores que sufr\u00eda se hab\u00eda unido el del ojo derecho, que tras la avalancha notaba fofo y lleno de tierra y sangre.<\/p>\n<p>Morir, vivir, una mano, otra mano, una rodilla, otra rodilla. Micro avances para seguir vivo.<\/p>\n<p>Muchas horas despu\u00e9s la mano sanguinolenta de Esteban Rodr\u00edguez asom\u00f3 temblorosa por el agujero de la superficie y, cuando se tumb\u00f3 boca arriba y mir\u00f3 el cielo estrellado con el ojo que le quedaba, pens\u00f3 que el d\u00eda que le llegara la muerte le encontrar\u00eda pr\u00e1cticamente hecho un pirata, con un parche en el ojo y una pata de palo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Esteban Rodr\u00edguez era un anciano tranquilo, de pelo blanco con algo de cresta, como si la moda punki de hace cuarenta a\u00f1os se hubiera quedado congelada en su cabello. Caminaba despacio por un sendero del Parque Norte. Las hojas de los \u00e1rboles se mov\u00edan de vez en cuando sopladas por una brisa c\u00e1lida. 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