{"id":160,"date":"2016-10-22T23:45:38","date_gmt":"2016-10-22T21:45:38","guid":{"rendered":"http:\/\/pacoperez.com\/blog\/?p=160"},"modified":"2016-10-22T23:45:38","modified_gmt":"2016-10-22T21:45:38","slug":"el-mal-capitulo-6","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.pacoperez.com\/blog\/2016\/10\/22\/el-mal-capitulo-6\/","title":{"rendered":"El Mal &#8211; Cap\u00edtulo 6"},"content":{"rendered":"<p>Mientras la ni\u00f1a esperaba agazapada en el oscuro ascensor, se cerr\u00f3 la puerta autom\u00e1ticamente. Por un momento no supo si dejarla as\u00ed o no, decidi\u00f3 dejarla abierta para poder vigilar el aparcamiento. Puls\u00f3 el bot\u00f3n de apertura y atranc\u00f3 la puerta con los trozos de fluorescente que hab\u00eda por el suelo.<\/p>\n<p>El aparcamiento ten\u00eda el silencio de una cueva. De vez en cuando se o\u00edan los movimientos de alg\u00fan coche entrando o saliendo, la reverberaci\u00f3n de las puertas al cerrarse, rebotando entre el suelo y el techo bajo.<\/p>\n<p>Entonces apareci\u00f3 una mujer andando cargada de bolsas, se dirig\u00eda hacia donde estaba la ni\u00f1a, pero a\u00fan estaba lejos. Al llegar a cierta altura cambi\u00f3 de direcci\u00f3n y puls\u00f3 un mando a distancia que seguramente llevaba en la mano. Las luces de un coche parpadearon y se oy\u00f3 un bip electr\u00f3nico. La ni\u00f1a se tens\u00f3, mientras permanec\u00eda en cuclillas apoy\u00f3 las segundas falanges de las manos en el suelo como si fuera un chimpanc\u00e9, pero con la intenci\u00f3n de un atleta a punto de comenzar la carrera. R\u00e1pida como un animal salvaje sali\u00f3 corriendo agachada del ascensor y se fue desplazando por el espacio que hab\u00eda entre los coches aparcados y la pared. Iba descalza, no hac\u00eda ni el m\u00e1s m\u00ednimo ruido.<\/p>\n<p>La mujer hab\u00eda abierto la puerta del conductor, tirado dentro un bolso y se hab\u00eda ido a la parte de detr\u00e1s a dejar las dem\u00e1s bolsas en el maletero. La ni\u00f1a lleg\u00f3 justo hasta el coche que estaba junto al de la mujer. Esper\u00f3 un segundo a que tuviera la cabeza bien dentro del maletero y se escabull\u00f3 en el interior por la puerta abierta, casi sin tocarla. Se acurruc\u00f3 detr\u00e1s del asiento del conductor hecha un ovillo. En la oscuridad era pr\u00e1cticamente invisible.<\/p>\n<p>La mujer cerr\u00f3 el maletero, se subi\u00f3 al coche y cerr\u00f3 la puerta. Mientras met\u00eda la tarjeta de arranque en la ranura sinti\u00f3 algo, una presencia, aunque no sab\u00eda que la ni\u00f1a estaba all\u00ed. Se le erizaron los pelos de la nuca, pero no quiso ceder al miedo. Arranc\u00f3, encendi\u00f3 la radio y sali\u00f3 del aparcamiento.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de callejear un rato, sali\u00f3 a una carretera secundaria que le llevar\u00eda hasta el pueblo de al lado, donde estaba su casa. Era noche cerrada, no hab\u00eda luna, cuando las luces de la ciudad quedaron atr\u00e1s, s\u00f3lo los faros del coche romp\u00edan la oscuridad a su alrededor.<\/p>\n<p>La ni\u00f1a sinti\u00f3 que era el momento de salir de su escondite, se incorpor\u00f3 lentamente, en absoluto silencio y se sent\u00f3 en el centro del asiento trasero.<\/p>\n<p>La mujer iba conduciendo atenta al brillo de los ojos de algunos animalillos que se mov\u00edan cerca de la carretera, no quer\u00eda atropellar a ninguno por accidente. De vez en cuando miraba por el espejo retrovisor como parte del acto reflejo de conducir, pero esta vez, cuando mir\u00f3 el espejo rectangular, en vez de la negrura de la noche dejada atr\u00e1s por su coche, la vio a ella sentada inm\u00f3vil mir\u00e1ndola fijamente. La ni\u00f1a se levant\u00f3 muy despacio acerc\u00e1ndose al asiento de la mujer cent\u00edmetro a cent\u00edmetro. En cuanto comenz\u00f3 a moverse, la mujer empez\u00f3 a gritar hist\u00e9ricamente, abri\u00f3 la puerta con el coche en marcha e intent\u00f3 saltar sin dejar de gritar, pero el cintur\u00f3n de seguridad se lo impidi\u00f3. Mientras intentaba soltar el cintur\u00f3n, volvi\u00f3 un segundo la vista y se encontr\u00f3 a la ni\u00f1a tan cerca, casi encima de ella, que pudo oler su olor a pelo quemado. La ni\u00f1a, en un gesto instant\u00e1neo, agarr\u00f3 la cara de la mujer con la mano. Era una mano peque\u00f1a, apenas abarcaba la distancia entre los dos ojos de la mujer, pero apretaba con tanta fuerza que la mujer tuvo claro que le sacar\u00eda los ojos si no se la quitaba de encima.<\/p>\n<p>Para entonces ya hab\u00eda soltado el volante y los pedales y el coche iba derivando poco a poco hacia fuera de la carretera. La rueda delantera se sali\u00f3 por fin y comenz\u00f3 a traquetear entre los matojos y la tierra que bordeaban aquella ruta. El resto del coche sigui\u00f3 de inmediato la trayectoria de la primera rueda y en un par de segundos el coche saltaba violentamente campo a trav\u00e9s.<\/p>\n<p>Ocurrieron varias cosas a la vez, la mujer consigui\u00f3 liberar el cintur\u00f3n y sali\u00f3 despedida por la puerta, la rueda trasera le pas\u00f3 por encima de las piernas mientras rodaba por la tierra, la ni\u00f1a aunque estaba agarrada a los asientos, rebotaba por el interior del coche golpe\u00e1ndose con el techo y los reposacabezas y el coche, tras un violento salto, acab\u00f3 girando sobre s\u00ed mismo y dio varias vueltas de campana.<\/p>\n<p>Entonces se hizo el silencio.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mientras la ni\u00f1a esperaba agazapada en el oscuro ascensor, se cerr\u00f3 la puerta autom\u00e1ticamente. Por un momento no supo si dejarla as\u00ed o no, decidi\u00f3 dejarla abierta para poder vigilar el aparcamiento. 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