{"id":110,"date":"2016-05-25T14:56:32","date_gmt":"2016-05-25T12:56:32","guid":{"rendered":"http:\/\/pacoperez.com\/blog\/?p=110"},"modified":"2016-05-25T14:56:32","modified_gmt":"2016-05-25T12:56:32","slug":"amanecer-3","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.pacoperez.com\/blog\/2016\/05\/25\/amanecer-3\/","title":{"rendered":"Encierro"},"content":{"rendered":"<p>&#8211; S\u00ed, s\u00ed, s\u00ed, yo la mat\u00e9, yo la mat\u00e9&#8230; &#8211; Roberto Alilla sollozaba sentado en el suelo de su celda de aislamiento, abrazado a sus piernas y con la frente apoyada en las rodillas.<\/p>\n<p>La celda era un cubo, de tres metros de lado, pintada de un gris parecido al tono que adquiere la plastilina cuando se mezclan todos los colores. No ten\u00eda ventanas, las \u00fanicas irregularidades de su lisa uniformidad eran\u00a0la rendija rectangular que enmarcaba la puerta cerrada de la celda, una bacinilla de acero inoxidable\u00a0encajada en un rinc\u00f3n, una rejilla rectangular en una esquina del techo por donde se reciclaba el aire de la celda y un plaf\u00f3n redondo en el centro del techo que emit\u00eda una luz amarilla e inm\u00f3vil que no se apagaba nunca.<\/p>\n<p>Le daban de comer tres veces al d\u00eda. Una pasta ins\u00edpida que ten\u00eda el tono de la pintura de la pared pero m\u00e1s verdoso. Esa fue la forma, al principio, de contar los d\u00edas que llevaba encerrado. Su abogado le dijo que estar\u00eda en aislamiento diez a\u00f1os&#8230; silencio&#8230;<\/p>\n<p>Diez a\u00f1os&#8230; silencio<\/p>\n<p>Antes de cumplir un mes ya hab\u00eda perdido la cuenta. Cada dos o tres d\u00edas aparec\u00edan varios carceleros tras la puerta,\u00a0completamente cubiertos, como si fueran bomberos, que le gritaban que se desnudara y se pusiera contra la pared con los brazos en alto. Entonces abr\u00edan una manguera que lanzaba un chorro de agua fr\u00eda enorme. Agua y algo m\u00e1s, algo \u00e1cido que le dejaba los ojos doloridos durante horas.<\/p>\n<p>Ella era tan bonita, que no pod\u00eda dejar de abrazarla, de apretarla, de apretarla tanto que se deshiciera entre sus manos. De apretarla hasta convertirla en polvo que pudiera respirar. Una belleza irresistible. Matar est\u00e1 mal, pero mi objetivo no era matarla, era tenerla tan cerca que sus c\u00e9lulas se mezclaran con las m\u00edas, fundirme con ella&#8230;<\/p>\n<p>Roberto Alilla estaba tumbado en el suelo de su celda, hecho un ovillo. Quiz\u00e1 llevaba a\u00f1os all\u00ed, no lo sab\u00eda. Su mente hab\u00eda dejado de funcionar pr\u00e1cticamente, ya no repasaba sus recuerdos y hac\u00eda mucho que no pensaba que existiera un futuro. De pronto, por sorpresa\u00a0incluso para \u00e9l, comenz\u00f3 a sacarse la camisola de su uniforme de preso y\u00a0a doblarla en el suelo meticulosamente, primero un lado, despu\u00e9s el otro, despu\u00e9s las mangas, hasta que consigui\u00f3 un rect\u00e1ngulo perfecto. A continuaci\u00f3n se tumb\u00f3 en el suelo boca arriba, sujet\u00f3 la pieza de ropa con las dos manos y estir\u00f3 los brazos de forma que ocult\u00f3 por completo el plaf\u00f3n de luz amarilla. Entonces empez\u00f3 a mover lentamente el rect\u00e1ngulo de ropa, muy lentamente. Al principio no se ve\u00eda nada especial, pero al cabo del tiempo (minutos u horas), el borde superior\u00a0comenz\u00f3 a iluminarse m\u00e1s que los dem\u00e1s, pod\u00eda ver pelillos de la fibra de la ropa que nunca antes hab\u00eda visto. El peque\u00f1o trozo iluminado se fue extendiendo por todo el lado del rect\u00e1ngulo de ropa hasta que, con la majestuosidad del sol del amanecer, el borde redondo del plaf\u00f3n apareci\u00f3 lentamente ceg\u00e1ndolo hasta hacerle saltar las l\u00e1grimas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&#8211; S\u00ed, s\u00ed, s\u00ed, yo la mat\u00e9, yo la mat\u00e9&#8230; &#8211; Roberto Alilla sollozaba sentado en el suelo de su celda de aislamiento, abrazado a sus piernas y con la frente apoyada en las rodillas. 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