Anécdotas

31.10.06 11:19 26ºC

Estos días estoy entrevistando gente para contratar en la nueva oficina, me han llegado doscientos veintiún curriculums por email, y siguen llegando. Tengo que colgar aquí, obligatoriamente, la foto que acompaña uno de ellos. Vale que yo no soy de este país y vale que no entiendo sus costumbres, pero ¿es razonable enviar una foto así para una entrevista de trabajo?!! jajajaja, madredelamorhermoso!!!.


Otra de las personas que se ha presentado ha sido el productor de Barrio Sésamo en Bangladesh!!!! jajajajaja, me río no por faltarle el respeto, al contrario, me parece genial haber conocido a este tío, pero no me podía imaginar que iba a entrevistar a alguien así para el puesto de Recepcionista de la empresa!!!, yo le decía a este buen hombre que cómo podía presentarse a ese puesto con su curriculum enorme de experiencia en televisión!!, inmediatamente se me vino a la cabeza el personaje de Kevin Spacey en American Beauty, cuando entra a trabajar en la hamburguesería, él me decía que actualmente no tiene trabajo y que necesita el dinero, que cualquier opción le parece buena y que no me quepa duda de que puede ser un excelente recepcionista. No sé qué haremos con él...
Ahora que todo los días me comunico en inglés, me doy cuenta de lo que hago aquí por las palabras que utilizo, wait, ok, need, want, must, nice, mattress, washing machine, looking for, know, kniting, dyeing, cutting, yarn, fabric, company, la de veces que digo fabric (tejido), que me suena a fábrica, en vez de company (empresa)!!, es que no en balde he estado cuatro años en la fábrica de pinchitos, jejeje. También uso algunas palabras en bangla (bengalí) que me dan idea de a quién me dirijo en el idioma local, los rickshaws, los camareros, etc, por ejemplo, ban (izquierda), dan (derecha), importantísimo para que un rickshaw te lleve a tu casa y no a la otra punta de la ciudad, calke (mañana), la palabra más utilizada aquí, jajaja, todo es para mañana!!, aske (hoy), donnovat (gracias), thik ashé (de acuerdo), balo (bueno/bien), bai (hermano) como se usa “bro” en Nueva York.

En mi interior habitan la belleza y la fealdad, y aunque esté aquí, o en Sevilla, o donde sea, las encuentro igual porque viajan conmigo. Aunque todo esto es muy distinto a todos los sitios donde he vivido, aparecen inevitablemente las mismas situaciones y los mismos paisajes que me hacen vibrar o no. Ayer por la tarde terminé con las entrevistas a las ocho, esa hora aquí es madrugada casi, salí del hotel donde las estoy realizando y no había ningún rickshaw para ir a casa, mira que es raro no encontrar un rickshaw en esta ciudad superpoblada. Fui andandito por estas calles que parecen todas una reproducción de las calles del Parque de María Luisa, asfalto y tierra a los lados, árboles y edificios de dos o tres plantas, algunas mansiones enormes, con jardín delantero extenso y cuidado, fuente y grandes cuatropocuatro relucientes aparcados. En la placa del portón de entrada siempre pone el nombre de algún embajador de países que desconozco. A lo lejos aparece un rickshaw y entonces aparece también la magia, porque ya ha terminado el trabajo de hoy y ha estado bien hecho, mis ritmos se ralentizan y los del mundo también, porque aunque parezca lo contrario, el mundo es yo, el mundo es el que es porque yo lo observo y así lo entiendo. El rickshaw pedalea y lo hace pausadamente, ya no me enciendo otro Marlboro porque me he fumado hoy casi un paquete, para colmo el precio aquí es de sólo cien takas, un euro con veinte, sólo oigo un poco de tráfico, lejos, en las avenidas más grandes, en alguna esquina alguien está quemando un montón de hojas secas y sube un humo blanco y tranquilo que, al olerlo, me recuerda al mismo humo del mismo montón de hojas secas que alguien quemaba en Chiclana, en la urbanización de mi eterna amiga RC, la urbanización del bar Popeye, luego la voy a llamar, que la echo de menos.

 
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Cox's Bazaar

27.10.06 23:22 26ºC

Aprovechando estos días de vacaciones del EID musulmán, anteayer por la tarde se nos ocurrió hacer una excursión. De momento no podemos salir del país porque nuestro visado es de una sola entrada, o sea que si salimos no podemos volver a entrar con ese visado, tenemos que sacarnos uno nuevo. Bueno, pues algo habrá que visitar en Bangladesh, no?. Después de preguntar a la peña y de oir nombres de distintos sitios que, por su complejidad fonética, no he memorizado, se me quedó en el oído Cox's Bazaar Beach, que me lo recomendaron varias personas distintas como sitio agradable y bonito. Así que el miércoles sobre las seis de la tarde buscamos en internet cómo se podía ir desde Dhaka hasta Cox's Bazaar, pero a la G. le entraron las prisas y lo único que pude averiguar es que salía un tren nocturno a las 11pm (aquí se lleva el rollito am/pm) y llegaba a Chittagong a las 6:30am, las seis y media de la mañana, tempranito, tempranito. Como no miramos nada más, la G. pensó que si se tardaba tanto en llegar a Chittagong es que estaría bien lejos y que por lo tanto (?!) Cox's Bazaar no podía estar mucho más lejos. Se equivocaba, el tren tardó ocho horas desde Dhaka a Chittagong, pero después nos cogimos un autobús para llegar hasta Cox's Bazaar y tardó el animalito cuatro horas en llegar... Ya de vuelta de nuestras vacaciones de un día he podido averiguar toda la geografía de nuestra excursión. Para empezar Cox's Bazaar ni siquiera aparece en el Google Earth, y si no está ahí entonces es que no existe. El caso es que observando las fotos satélite he localizado justo el hotel donde nos hemos quedado (21º25'25" N, 91º58'35" E) e incluso el chiringuito donde cenamos anoche (21º25'12" N, 91º58'47" E). En total el viaje es de trescientos treinta kilómetros, de vuelta hemos tardado sólo una hora y diez en un pequeño avión de pasajeros que ha hecho escala de diez minutos en Chittagong.

Pero lo bonito y lo auténtico ha sido todo lo demás... Cuando salimos a las seis y pico de la tarde, fuimos al Nordic Club, el club de suecos, noruegos y daneses, los vikingos, a comprar unos sandwiches de atún y pollo porque en casa no nos quedaba suficiente panbimbo, después un taxi hasta el centro de Dhaka, a la estación de tren, enooorme. Quise hacer una foto pero no tuve ocasión, el andén se perdía en la lejanía, no exagero, no sé qué dimensiones tendrá pero yo no he visto un andén más largo en mi vida. Me doy perfecta cuenta de que describir todo lo que significa estar en esa estación, comprar unos billetes, localizar el vagón y subir es imposible de describir con acierto en sólo unas líneas, hay demasiado que contar y se me está echando la noche encima y mañana me tengo que levantar a una hora decente porque tengo que ir a Narangayang a comprobar unos temas textiles en una fábrica, así que lo que voy a hacer, porque me apetece, es contar un breve resumen ahora, y en el próximo post contarlo todo con más detalle.

1. Estación Central de tren en Dhaka, de noche, sus habitantes, la taquilla de los tickets, los aseos, el viajero bengalí que nos ayudó a encontrar nuestro compartimento.
2. El compartimento más caro que había, doble litera en primera clase, novecientos treinta takas dos personas ida y vuelta Dhaka-Chittagong, unos once euros. El sonido del tren en la noche, las hormigas que se querían comer el sandwich de atún, el sandwich y medio que regalé a dos personas.
3. Chittagong, la cantidad de basura por las calles, el rickshaw que nos quería cobrar de más, la lucha por conseguir un bilelte de autobús en la taquilla atestada de brazos esgrimendo dinero. Los pasajeros del autobús, la belleza exagerada de las mujeres y los hombres bengalíes. Las cuatro horas de autobús con las paradas en distintos pueblos, la cabeza de vaca en el suelo, los puestos de fruta, el zapatero ambulante.
4. La llegada a Cox's Bazaar, el amigo de la gorra rapera, los rickshaws cuesta arriba, nuestro adorable rickshaw particular, la búsqueda de avión para volver al día siguiente, el precioso pueblo de Cox's Bazaar, las oficinas de Biman Airlines y GMG Airlines, las oficinas de las líneas de autobuses Volvo, la muerte de la madre del amigo de la gorra rapera.
5. La búsqueda de hotel y de un restaurante para pegarnos una mariscada, el hotel Paradise, la playa por la tarde, las mujeres en burka paseando por la arena, la expectación constante que despertamos dos blancos en este pueblo.
6. El maravilloso e inolvidable chiringuito Sea Stone, cena en medio de la playa infinita en la más completa oscuridad, sólo la luz de la luna y la de los barcos faenando cerca de la costa, el chiringuito de bambú, el camarero pelota, las gambas gigantes hiperpicantes, la música horrorosa, la vela para volver al hotel a través de la playa en mitad de la noche. El hotel Paradise, el hotel Seagull de al lado, la búsqueda de unas latas de cerveza.
7. La visita a los mercados de ropa por la mañana, la discusión por las camisas, la visita al templo budista, la serenidad, la despedida de Kazo(?), nuestro adorable y jovencísimo rickshaw. El mini-aeropuerto de Cox's Bazaar, nos quedamos sin dinero, los dependientes de la oficina de GMG que aparecen en el aeropuerto de uniforme, como pilotos del avión.
8. Llegada a Dhaka, de vuelta a casa en Gulshan-2, esta ciudad cada vez parece más nuestro hogar.

Mañana más, mañana el texto completo...

 
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Otra vez aquí pero allí

24.10.06 21:33 27ºC

Ahora ésta es mi ciudad, ya no la Alameda de Hércules, ni la Barqueta, ni las obras del Prado, ahora es esto, Dhaka en Ramadán. No sé si será por el Ramadán o es que todo el año es asín, pero a las cinco y cuarto de la mañana, que es una hora mu mala pasé ruío, salta un nota por un enorme equipo de megafonía que hay instalado en la torre de una mezquita cercana y se lía a berrear, pero con ganas, vaya, en plan saeta pero con más mala leche y toda la ciudad pega un brinco del copón. Ea po eso va sé que hay que rezar... Me he comprado unos tapones de caucho después de gran búsqueda, hay artículos que son inencontrables, por ejemplo la cerveza y los tapones de los oídos. Pregunté en bastantes farmacias, en relojerías, en bazares, en anticuarios de objetos rescatados de naufragios en el Golfo de Bengala, pero no hubo forma. Hasta ayer, que vi una farmacia pequeñita en plan stand de la Feria del Libro, en medio de otras tantas tiendas de objetos diversos, la farmacia está en Gulshan-2, en el Circle-2. En realidad cuando pregunté por los tapones me dijeron que no tenían pero que me los conseguían en cinco minutos, eso aquí es muy habitual, así que un zagal salió pitando y seguro que fue a la Tienda De Tapones Para Los Oídos que yo todavía no he encontrado y los compró para revendérmelos a mí, eso aquí también es muy habitual. Me trajo unos tapones usados y me cobró sesenta takas por ellos, unos setenta y dos céntimos de euro, así que acepté sin regatear, cosa que no es habitual aquí, ni en el mundo árabe/asiático en general. No es que sea un asquito lo de los tapones usados, cuando llegué a casa les pegué un buen lavado con el Fairy, que aquí se llama Trix, y los colgué en la terraza para que se secaran. Funcionan bien pero los tengo que tunear, porque como se puede observar, el rabito que sale de debajo de las tres sombrillas digamos, es demasssiado largo y cuando por la noche, durmiendo, giro la cabeza sobre la almohada, el tapón se incrusta hasta lo más hondo y cuando ya no me despierta el ruido infernal de esta ciudad desbordada por el tráfico, me despierta el dolor del tímpano, así que creo que le voy a recortar el rabito asegurándome antes de que no se me va a quedar el resto dentro.

Esta semana aquí es Navidad, no como la cristiana, pero el efecto es muy parecido. Es el Eid, la semana de fiesta que celebra el final del Ramadán, ésa es otra, el Ramadán... Está casi todo cerrado excepto los sitios donde te puedes gastar dinero comiendo o comprando regalos, la ciudad está desierta, da gusto pasear por la calle sin el caudal infranqueable de los millones de vehículos que todos los días luchan apretados por avanzar metro a metro durante horas, y el clima acompaña, porque ya se han terminado las lluvias de verano, el monzón, y ahora empieza aquí una especie de primavera mediterránea pero sin lluvias, un lujo. Como hemos abierto un fotolog hemos salido a hacer fotos, la novedad, claro. En esta ciudad, y seguro que en este país, hay mil cosas que aún no controlamos, una de ellas es la de poder caminar por la calle sin llevar alrededor un enjambre de chiquillos que te tiran de la ropa, te hablan en bangla, te piden dinero aunque en realidad no saben por qué lo hacen, simplemente les han enseñado a hacerlo así, si eres blanco en esta ciudad, eres un blanco en términos militares. ¿Se sentirán así la Pantoja o los Triunfitos?.

El Ramadán, que desde fuera me parecía pelín fanático, desde dentro es igual que todas las demás expresiones religiosas: ritos, costumbres heredadas de generación en generación, difuminándose cada año un poco más. Los síntomas del Ramadán son no comer, ni fumar, ni beber ni siquiera agua y nada de sexo desde que sale el sol hasta que se pone, lo cual sucede de seis de la mañana a seis de la tarde más o menos, a eso hay que CubataManañadir que en algún momento del día tienen que dedicar veinte minutos a rezar. La semana pasada estábamos en el abogado, hablando sobre temas burocráticos sobre Ltds en Bangladesh y cosas de esas, y en un momento dado nos dice, ¿me disculpáis?, saca una alfombra pequeña de algún sitio la extiende mirando hacia una pared, que debe ser la que apunta a La Meca, se pone un gorrito musulmán de esos monísimos blancos, y comienza a murmullar durante esos veinte minutos, a ratos de pie, a ratos de rodillas acercando regularmente la frente a la alfombra. Terminado el rito, se quita el birrete, guarda la alfombra y continúa la conversación donde la habíamos dejado. Nosotros mientras tanto tomábamos un té muy rico que aquí nos ofrecen en todos sitios y que es como un té con leche condensada, no lo sé exactamente.

La foto de CubataMan es que no sabía qué hacer con ella, y en algún lado tenía que ponerla, así que ahí se va a quedar, el momento inmortalizado corresponde a la celebración de la boda de EF y JV.


Seguiremos informando...

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