Esclavos

18.10.04 19:21 20ºC

No me da la gana ser esclavo de nada ni de nadie. Por eso suelo llevar la contraria, pero no por el hecho de llevarla, eso en sí mismo no me aporta nada, sino porque autodefino mis apetencias, por aquí sí, por allí no y me da igual que por allí vaya hasta el último de los humanos, si tengo un buen motivo para elegir otro camino lo defiendo inagotablemente. Por eso a veces me lavo el pelo con el gel y los pies con champú, porque me da la risa, porque me da la gana, porque no soy esclavo ni siquiera de las pequeñas cosas. Por eso vivo sin muebles, lo imprescindible para sentirme a gusto, por eso no tengo televisor, porque me esclaviza. Por eso nunca, nunca, nunca tengo prisa por nada, porque de todas formas un día me van a enterrar y sólo tengo lo que disfruto, lo que saboreo, lo que paladeo. Y no puedo paladear a toda prisa. Por eso a veces fumo y a veces no, porque lo hago cuando me apetece. Y aún así soy capaz de tirar las botellas de plástico siempre en el contenedor amarillo para satisfacer a la gente a la que amo, porque quizá soy esclavo de la pasión por vivir una vida que es la mía y no la que alguien se ha inventado para mí.

 
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Haciendo el guiri

13.10.04 20:59 23ºC

El otro día nos dió a GA. y a mí por ir de guiris. Me colgué la cámara de fotos al hombro y nos fuimos al castillo de Peñíscola a ver piedra. Ya puestos, y metidos en nuestro papel decidimos regalarnos una mariscada. Los dos sabíamos que costaría cara, pero fue taaaan cara que por eso he escaneado el ticket y lo he colgado aquí. Las gambas estaban a 130 euros el kilo y sólo la dorada costó 44 euros. Es más, ni siquiera llevábamos encima ese dinero, probé con la VISA y sorprendentemente funcionó!, mi pobre VISA, que siempre está fuera de juego. Porque además no comimos raciones o medias raciones, qué va!, nos pusieron una gamba, U-NA-GAM-BA!!, para cada uno, UN-LAN-GOS-TI-NO para cada uno!, y así todo. Bueno, después visitamos el castillo y GA descubrió que junto a la casa de las conchas había unos escalones con iniciales JBA, hechas con piedras redondeadas y desgastadas, como las que hay en todas las calles del castillo.

Ahí ya nos reíamos por todo, en especial porque nos habíamos liquidado la botella de blanco Montesierra de 12 euros. Borrachillos, tocadetes.

 
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Resumillo

6.10.04 21:22 25ºC

Estos días suceden tantas cosas inconfesables aquí que cuando me pongo a teclear es que lo tengo que borrar todo, porque siempre hablo demasiado de terceras personas que prefieren no aparecer por aquí para que cuartas o quintas personas no sepan. En estos días estoy viviendo una preciosa historia de amor y una cruel historia de desamor que me hacen silbar constantemente en pentatónicas menores, que para los que no lo sepan, es una escala muy común de los blues, una escala que puede ser tan triste y desgarradora como quiera o sienta el intérprete.

Estoy escribiendo, a marchas forzadas, un cuento de entre ciento veinte y doscientas páginas, para un concurso cuyo plazo finaliza el veintinueve de este mes. Y no sé si me va a dar tiempo de terminarlo. He intentado anular todos mis otros compromisos para dedicarme sólo a escribir el cuento. Lo que llevo escrito, de momento, me gusta mucho.

Fui a ver "Mar adentro" y lloré un rato. Me encantan las películas en las que sale el mar, me encanta "Náufrago", y "La playa", y "Abyss" y desde luego "El viejo y el mar", aunque prefiero mil veces el libro.

Estoy enganchado a Jacques Loussier, un pianista francés que interpreta piezas clásicas en clave de jazz. Me desmayo cada vez que oigo la improvisación de bajo en el "Claro de Luna" de Debussy, o la Gymnopedie de Satie, aunque creo que donde de verdad se me ponen todos los pelos de punta es con el Preludio Nº1 en do mayor de Bach, de "El Clave bien temperado", interpretado con piano, batería y contrabajo. Uf!.

Rachel me ha aconsejado con sabiduría sobre cómo hacer lo que me gusta, que es escribir, y ganar algo de dinero. Me ha dicho por ejemplo que se puede ganar dinero escribiendo discursos, y la verdad es que ni se me había pasado por la imaginación, o redactando manuales de informática para todos los cacharros que necesitan de uno. Rachel tiene luz.

Y hoy he hecho una cosa bonita. La semana pasada, por culpa de un malentendido, desatendí mucho a alguien que me necesitaba. Hoy he ido a su casa cuando no estaba y le he pegado en el techo un recorrido con todo un rollo de papel higiénico rosa, desde la puerta de entrada hasta su habitación, como si hubiera salido rebotando por él en gravedad invertida, formando suaves parábolas. En el extremo del rollo, donde ya sólo queda el rulo de cartoncillo, que ha quedado colgando del techo en medio de la habitación, a metro y medio del suelo, he dejado metida una rosa de color rosa. A lo largo de todo el papel higiénico le he escrito "Yo ya sé que la he cagado, pero eso ya no tiene arreglo, sólo puedo decirte que lo siento", y he escrito "lo siento" unas trescientas veces hasta que se acabó el papel.

 
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