| 6:00 Suena el despertador, el drum.mid del
Alcatel de Vodafone, ya nunca más podré disociar esa melodía
de la orden interior “levántate!”. Me pongo ropa de
trabajo, unos vaqueros de marca desconocida, una camiseta de Cacharel
de rayas horizontales blancas y grises, zapatos negros poliganeros, con
punta de acero por si se me cae algún palet encima o algo peor.
Aseo, afeitado con maquinilla eléctrica Philips, con la que siempre
converso, me comenta que hoy está muy dormidilla, a pesar de que
a esa es su hora normal de funcionar. No le doy mayor importancia, porque
desde que ha comenzado esta primavera todos estamos un poco raros. Contesto
un email a un compañero de Tarragona cuyo windows no le memoriza
las contraseñas, borro unos cuantos de spam, ya se ha descargado
el Trespass de Genesis, estoy deseando escucharlo, todavía queda
para que termine de descargarse Local Hero, la película. Antes
de irme dejo grabando los capítulos 3.11 y 3.12 de Doctor en Alaska,
los veo por la noche con AC. y la G., vamos por el 3.7, aunque ahora pararemos
unos días porque AC. se ha ido de vacaciones a Pagí, la
fgans, con FR.
7:00 Subo al coche, un Fiat Tipo 1.4 i.e., del año ruco, que me
regaló mi brother cuando se fue a vivir a Manhattan. Ultimamente
le falla algo del escape o de la inyección porque por la mañana
huele mucho a gasolina. Una avería de esas pejiguerosas que mejor
no llevarlo al taller hasta que algo reviente de verdad, porque sé
de buena tinta que no van a dar con la tecla, me van a cambiar el filtro
del aire y del aceite, por ejemplo, y me van a clavar doscientos lerus
por nada. Me lagrimea insistentemente el ojo derecho. Salgo a Torneo,
en el tramo en el que ya no se llama así, pero que para todos sigue
siendo Torneo. Me salto el semáforo de peatones de la rotonda del
Alamillo porque a esas horas no hay ni un alma en pie por los alrededores,
un día de estos llevaré pegados al maletero a los locales
y me clavarán sesenta bonis por listo, de buena mañana.
La SE-30 todavía no está congestionada, así que a
las 7:11 paso bajo la torre del Hipercor, hace veinte grados, ya se le
están viendo los cuernos al verano feroz. Salgo ileso de la incorporación
a la autovía de Málaga a la altura de Persan. El ingeniero
que diseñó la rotonda del Mercasevilla y sus accesos, se
quedó a gusto. Igual se lo diría a la cara si algún
día lo llego a conocer, lo juro.
7:16 Llego a la fábrica, benefactora y carcelera de mi existencia
a la vez. Hoy hay poco que repartir con el camión, así que
hago las facturas pendientes y preparo los sobres con todas las de abril
que saldrán al cobro. A estas horas normalmente leo la página
de Cecilia,
antes Rachel,
y otras de mis favoritas, pero
una de las cosas que acordamos PS. y yo, el otro día, es que esa
actividad la dejaré para otro momento, cuestión que me toca
los cojones, la verdad, porque me cuesta vivir sin hacer mi santa voluntad
en todo momento. De hecho por eso ando renqueando espiritualmente estos
días, porque estoy falto de las pequeñas satisfacciones
que da el ir siempre a mi bola, porque es que resulta que ahora mismo
no sé ni lo que quiero, o sí que lo sé pero no averiguo
cómo alcanzarlo.
8:45 Me pongo un anorak, grueso como un croisant inflado, un pasamontañas
y unos guantes para entrar en las cámaras de congelación,
que están a treinta bajo cero. Fresquitas. Al instante se me congelan
las lágrimas del ojo derecho y los pelillos de la nariz. He almacenado
un montón de cajas de mero empanado y otras tantas de pinchitos
de pollo.
9:15 Llamada de la G. al móvil, que ya se va a trabajar, me llama
para darme un beso de buenos días. Estoy un poco hosco y le cuelgo
muy pronto, aunque con ella no me sale otra cosa que ser cariñoso.
9:19 Comienzo a cargar el camión con las cajas del sencillo reparto
de hoy. Entra un pedido de última hora que complica un poco lo
que tan sencillo era.
10:30 Me voy a desayunar. Cola-Cao y tostada de jamón y aceite.
Mientras, leo Un Mago de Terramar, que está empezando a ponerse
interesante por las metáforas que utiliza y que tanto me recuerdan
a mi vida real diaria, a pesar de que el libro es de aldeas, hechiceros
y brujerías. “... pues mantener en tinieblas la mente de
aquel ha nacido mago es cosa peligrosa.”. Yo no sé si he
nacido mago, o guerrero, o hilandera, pero el no saberlo es cosa peligrosa,
porque me tiene despistadísimo y no me deja vivir lleno de luz
como lo he hecho en otros momentos de mi vida.
10:55 Estoy a punto de pagar el desayuno, me entra una llamada con un
pedido fuerte de ultimísima hora. Ahora ya sí que la hemos
cagado, el día de trabajo está definitivamente complicado.
Salgo corriendo hacia la fábrica para cargarlo, lo que me obliga
a mover todo la que ya tenía para ubicar éste último.
11:45 Llego al primer cliente y me encuentro una cola de camiones desesperante,
esperando para descargar. Me acomodo en el asiento y cierro los ojos a
ver si duermo aunque sea quince minutos, porque aunque no deba, ahora
siempre me acuesto tarde, y de día me voy durmiendo por las esquinas,
pero prefiero vivir así que emplear horas vitales de la tarde-noche
en dormir.
11:55 Sólo he podido dormir diez minutos, algo es algo. Suena el
móvil y es la G., me cuenta las pequeñas envidias de sus
alumnas que quieren que las atienda siempre primero que a las demás
y discuten entre ellas y le llaman la atención a la G. y últimamente
siempre sale alguna mosqueada. Ahora sí que me apetece hablar con
ella, pero justo cuando empezamos tengo que colgar porque he visto un
hueco privilegiado para arrimar el camión y descargar aunque sea
a mano, sin carretilla elevadora.
12:30 Por fin salgo de este cliente, en busca del siguiente. Llevo una
hora de retraso con respecto a la ruta que me imprimo siempre antes de
salir.
13:45 Voy a toda pastilla intentando recuperar la hora de retraso, pero
sólo consigo reducirla a cincuenta y cinco minutos. Uno de los
clientes por los que he pasado me ha hecho descargarle directamente en
una cámara de veinte bajo cero, sin abrigo ni nada. La camisetita
de manga corta de cacharel se ha congelado en el acto, y los pezones se
me han puesto como remaches de avión. Llamo a la G. y le digo que
no la puedo llevar al trabajo a las tres, que se vaya con su compañero,
pero su compañero no va hoy a trabajar, así que le digo
que no desespere, que aunque sea comiéndome un bocata por el camino
o comiendo después de llevarla, estaré en su casa a esa
hora. Ella, buena como es, me dice que no vaya, que ya se irá en
autobús y comerá lo que pueda. Que no, que te recojo yo...
14:45 Llego al último cliente, es un restaurante en las afueras
de la ciudad. Parece una mezcla de casitas alpujarreñas e ibicencas.
Es un lugar telúrico, como los que elegían los romanos hace
unos siglos para ubicar sus termas y balnearios, sus lugares de reposo,
Itálica y Cartago. Qué lástima que hoy me invitan
a comer, porque no me puedo quedar. Pero para el próximo día
me tomo una cerveza sentado en un escalón al sol, prometido.
15:03 Acabo de aparcar el camión en la fábrica, me quedo
con el dinero del reparto para ir esta tarde de compras al Mercadona.
15:20 En la SE-30 hay mucho tráfico pero no hay atasco. Voy a avisar
a la G. y me doy cuenta de que no tengo batería y el móvil
debe llevar como media hora apagado. En cuanto lo enchufo al cargador
del mechero, suena y es la G., siempre funcionamos así para todo,
coordinados incluso sin decirnos nada. Le digo que vaya bajando que llego
en cinco minutos.
15:25 Me ha preparado un bocadillo, en un bollo pequeño, de salchichas
con queso y tomate frito que está exquisito, pero lo mejor de todo,
el detalle sorpresa que la convierte en adorable, es que me ha traído
una botella pequeña de Font-Vella llena de cerveza muy muy fría.
Me bebo la mitad sin respirar y nos damos un beso largo. Ahora ya no hay
prisa, ella entra a las cuatro y sólo necesitamos veinticinco minutos
para llegar. Conduzco despacio y se duerme sosegadamente por el camino,
el sol dibuja siluetas sobre su cuerpo vestido de colores.
16:00 Llegamos a su trabajo, cojo el portátil y escribo mientras
ella da clase.
16:34 Comienzo este larguísimo post.
17:45 AL., de ocho años, ha decidido pintarme un grafitti en la
espalda de la camiseta, no sé ni cómo no me he dado cuenta,
quizá porque estoy absorto escribiendo. Ahora mi camiseta de Cacharel
tiene un rótulo verde fosforito en la espalda con el nombre del
pitufo pintor éste.
19:45 Dejo el post a medias, mañana lo terminaré.
20:41 Aparcamos frente al Mercadona, en doble fila, hoy no tengo ganas
de soltarle un euro al aparcacoches. Tenemos sobre media hora para hacer
la compra del mes, hay tanta gente que se montan grandes atascos de carritos
en los pasillos. Como extra nos compramos unas almejas enormes, mejillones
y lambrusco para hacernos una cena romántica. Son ciento cuatro
euros con setenta.
21:50 Subimos la compra a su casa. Arf.
22:30 Sacamos la compra de las bolsas, la repartimos por la cocina y decidimos
que ya no vamos a ir a mi casa a hacer las cosas que tenemos pendientes
en internet, incluyendo colgar este post, lo dejamos para mañana.
22:50 Comenzamos a hervir los mejillones y dejamos las almejas en agua
con sal para que suelten un poco de arena, aunque dice mi padre que hay
que dejarlas una noche entera. El lambrusco va al congelador. Mientras
cocinamos, abro un paquete de patatas fritas de esas sin gluten, sin sal,
sin colesterol, sin aceite, que parecen de cartulina y que son adictivas
y saco lo que queda del rioja que abrimos el otro día.
23:40 Cenamos, con vela roja y corazones incluidos.
0:30 El sueño me alcanza deprisa, viene cargado de imágenes
extrañas. Recuerdo, sólo de pasada, que yo ocultaba el secreto
importantísimo de alguien y que se me pegaba una etiqueta verde
al interior de la nariz, llegando incluso a la garganta.
6:00 Vuelve a sonar el despertador.
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| Cinco días después, estoy igual
o peor, porque lo que mi corazón me dice es que pase de absolutamente
TODO lo que me aturde y desasosiega y vuelva a vivir como más me
gusta, como de vacaciones, levantándome sin despertador, acostándome
cuando me canse, escribiendo y componiendo cuanto me apetezca, riéndome
de todo, conversando mucho, amando mucho, leyendo más. Pero da
la puta casualidad de que con cada mes que empieza, hoy por ejemplo, necesito
mil euros, para deudas sobre todo, por mi mala cabeza. Es decir, que estoy
en la misma situación que otros millones de vagabundos espirituales,
necesito tiempo para crear y no tener que preocuparme del dinero, ja qué
listo. Me entran unas ganas enormes de HUIR, y PS me dice que no huya,
que tengo que respetar mi karma, que tengo que enfrentarme con mis sombras
y vencerlas, así que me ha recomendado que lea “Un mago de
Terramar” de Ursula K. Le Guin. Ya estoy en ello, pero aún
no me reconforta, no me ayuda en nada y yo, si algo necesito ahora mismo
es enfocarme porque estoy desenfocado. No sé qué hacer con
casi nada, soy pura indecisión. |