0-2 (cero a dos)

11.05.05 18:51 33ºC

Bueno pues ya puedo colgar la novela corta que escribimos Granada Arias y yo, mano a mano, porque no se ha comido un rosco en el III Premio de Novela Corta al que la presentamos. Igual ha pasado con “El niño volador”, que ha quedado finalista, pero pa ná. Hala, nueve mil más seiscientos euros que no he catado, lástima de dinero, coño...
Seguiré insistiendo, en otros sitios, por lo que pueda caer.

 
reflexiones al respecto
 

Un día cualquiera, un día más

04.05.05 16:34 36ºC

6:00 Suena el despertador, el drum.mid del Alcatel de Vodafone, ya nunca más podré disociar esa melodía de la orden interior “levántate!”. Me pongo ropa de trabajo, unos vaqueros de marca desconocida, una camiseta de Cacharel de rayas horizontales blancas y grises, zapatos negros poliganeros, con punta de acero por si se me cae algún palet encima o algo peor. Aseo, afeitado con maquinilla eléctrica Philips, con la que siempre converso, me comenta que hoy está muy dormidilla, a pesar de que a esa es su hora normal de funcionar. No le doy mayor importancia, porque desde que ha comenzado esta primavera todos estamos un poco raros. Contesto un email a un compañero de Tarragona cuyo windows no le memoriza las contraseñas, borro unos cuantos de spam, ya se ha descargado el Trespass de Genesis, estoy deseando escucharlo, todavía queda para que termine de descargarse Local Hero, la película. Antes de irme dejo grabando los capítulos 3.11 y 3.12 de Doctor en Alaska, los veo por la noche con AC. y la G., vamos por el 3.7, aunque ahora pararemos unos días porque AC. se ha ido de vacaciones a Pagí, la fgans, con FR.
7:00 Subo al coche, un Fiat Tipo 1.4 i.e., del año ruco, que me regaló mi brother cuando se fue a vivir a Manhattan. Ultimamente le falla algo del escape o de la inyección porque por la mañana huele mucho a gasolina. Una avería de esas pejiguerosas que mejor no llevarlo al taller hasta que algo reviente de verdad, porque sé de buena tinta que no van a dar con la tecla, me van a cambiar el filtro del aire y del aceite, por ejemplo, y me van a clavar doscientos lerus por nada. Me lagrimea insistentemente el ojo derecho. Salgo a Torneo, en el tramo en el que ya no se llama así, pero que para todos sigue siendo Torneo. Me salto el semáforo de peatones de la rotonda del Alamillo porque a esas horas no hay ni un alma en pie por los alrededores, un día de estos llevaré pegados al maletero a los locales y me clavarán sesenta bonis por listo, de buena mañana. La SE-30 todavía no está congestionada, así que a las 7:11 paso bajo la torre del Hipercor, hace veinte grados, ya se le están viendo los cuernos al verano feroz. Salgo ileso de la incorporación a la autovía de Málaga a la altura de Persan. El ingeniero que diseñó la rotonda del Mercasevilla y sus accesos, se quedó a gusto. Igual se lo diría a la cara si algún día lo llego a conocer, lo juro.
7:16 Llego a la fábrica, benefactora y carcelera de mi existencia a la vez. Hoy hay poco que repartir con el camión, así que hago las facturas pendientes y preparo los sobres con todas las de abril que saldrán al cobro. A estas horas normalmente leo la página de Cecilia, antes Rachel, y otras de mis favoritas, pero una de las cosas que acordamos PS. y yo, el otro día, es que esa actividad la dejaré para otro momento, cuestión que me toca los cojones, la verdad, porque me cuesta vivir sin hacer mi santa voluntad en todo momento. De hecho por eso ando renqueando espiritualmente estos días, porque estoy falto de las pequeñas satisfacciones que da el ir siempre a mi bola, porque es que resulta que ahora mismo no sé ni lo que quiero, o sí que lo sé pero no averiguo cómo alcanzarlo.
8:45 Me pongo un anorak, grueso como un croisant inflado, un pasamontañas y unos guantes para entrar en las cámaras de congelación, que están a treinta bajo cero. Fresquitas. Al instante se me congelan las lágrimas del ojo derecho y los pelillos de la nariz. He almacenado un montón de cajas de mero empanado y otras tantas de pinchitos de pollo.
9:15 Llamada de la G. al móvil, que ya se va a trabajar, me llama para darme un beso de buenos días. Estoy un poco hosco y le cuelgo muy pronto, aunque con ella no me sale otra cosa que ser cariñoso.
9:19 Comienzo a cargar el camión con las cajas del sencillo reparto de hoy. Entra un pedido de última hora que complica un poco lo que tan sencillo era.
10:30 Me voy a desayunar. Cola-Cao y tostada de jamón y aceite. Mientras, leo Un Mago de Terramar, que está empezando a ponerse interesante por las metáforas que utiliza y que tanto me recuerdan a mi vida real diaria, a pesar de que el libro es de aldeas, hechiceros y brujerías. “... pues mantener en tinieblas la mente de aquel ha nacido mago es cosa peligrosa.”. Yo no sé si he nacido mago, o guerrero, o hilandera, pero el no saberlo es cosa peligrosa, porque me tiene despistadísimo y no me deja vivir lleno de luz como lo he hecho en otros momentos de mi vida.
10:55 Estoy a punto de pagar el desayuno, me entra una llamada con un pedido fuerte de ultimísima hora. Ahora ya sí que la hemos cagado, el día de trabajo está definitivamente complicado. Salgo corriendo hacia la fábrica para cargarlo, lo que me obliga a mover todo la que ya tenía para ubicar éste último.
11:45 Llego al primer cliente y me encuentro una cola de camiones desesperante, esperando para descargar. Me acomodo en el asiento y cierro los ojos a ver si duermo aunque sea quince minutos, porque aunque no deba, ahora siempre me acuesto tarde, y de día me voy durmiendo por las esquinas, pero prefiero vivir así que emplear horas vitales de la tarde-noche en dormir.
11:55 Sólo he podido dormir diez minutos, algo es algo. Suena el móvil y es la G., me cuenta las pequeñas envidias de sus alumnas que quieren que las atienda siempre primero que a las demás y discuten entre ellas y le llaman la atención a la G. y últimamente siempre sale alguna mosqueada. Ahora sí que me apetece hablar con ella, pero justo cuando empezamos tengo que colgar porque he visto un hueco privilegiado para arrimar el camión y descargar aunque sea a mano, sin carretilla elevadora.
12:30 Por fin salgo de este cliente, en busca del siguiente. Llevo una hora de retraso con respecto a la ruta que me imprimo siempre antes de salir.
13:45 Voy a toda pastilla intentando recuperar la hora de retraso, pero sólo consigo reducirla a cincuenta y cinco minutos. Uno de los clientes por los que he pasado me ha hecho descargarle directamente en una cámara de veinte bajo cero, sin abrigo ni nada. La camisetita de manga corta de cacharel se ha congelado en el acto, y los pezones se me han puesto como remaches de avión. Llamo a la G. y le digo que no la puedo llevar al trabajo a las tres, que se vaya con su compañero, pero su compañero no va hoy a trabajar, así que le digo que no desespere, que aunque sea comiéndome un bocata por el camino o comiendo después de llevarla, estaré en su casa a esa hora. Ella, buena como es, me dice que no vaya, que ya se irá en autobús y comerá lo que pueda. Que no, que te recojo yo...
14:45 Llego al último cliente, es un restaurante en las afueras de la ciudad. Parece una mezcla de casitas alpujarreñas e ibicencas. Es un lugar telúrico, como los que elegían los romanos hace unos siglos para ubicar sus termas y balnearios, sus lugares de reposo, Itálica y Cartago. Qué lástima que hoy me invitan a comer, porque no me puedo quedar. Pero para el próximo día me tomo una cerveza sentado en un escalón al sol, prometido.
15:03 Acabo de aparcar el camión en la fábrica, me quedo con el dinero del reparto para ir esta tarde de compras al Mercadona.
15:20 En la SE-30 hay mucho tráfico pero no hay atasco. Voy a avisar a la G. y me doy cuenta de que no tengo batería y el móvil debe llevar como media hora apagado. En cuanto lo enchufo al cargador del mechero, suena y es la G., siempre funcionamos así para todo, coordinados incluso sin decirnos nada. Le digo que vaya bajando que llego en cinco minutos.
15:25 Me ha preparado un bocadillo, en un bollo pequeño, de salchichas con queso y tomate frito que está exquisito, pero lo mejor de todo, el detalle sorpresa que la convierte en adorable, es que me ha traído una botella pequeña de Font-Vella llena de cerveza muy muy fría. Me bebo la mitad sin respirar y nos damos un beso largo. Ahora ya no hay prisa, ella entra a las cuatro y sólo necesitamos veinticinco minutos para llegar. Conduzco despacio y se duerme sosegadamente por el camino, el sol dibuja siluetas sobre su cuerpo vestido de colores.
16:00 Llegamos a su trabajo, cojo el portátil y escribo mientras ella da clase.
16:34 Comienzo este larguísimo post.
17:45 AL., de ocho años, ha decidido pintarme un grafitti en la espalda de la camiseta, no sé ni cómo no me he dado cuenta, quizá porque estoy absorto escribiendo. Ahora mi camiseta de Cacharel tiene un rótulo verde fosforito en la espalda con el nombre del pitufo pintor éste.
19:45 Dejo el post a medias, mañana lo terminaré.
20:41 Aparcamos frente al Mercadona, en doble fila, hoy no tengo ganas de soltarle un euro al aparcacoches. Tenemos sobre media hora para hacer la compra del mes, hay tanta gente que se montan grandes atascos de carritos en los pasillos. Como extra nos compramos unas almejas enormes, mejillones y lambrusco para hacernos una cena romántica. Son ciento cuatro euros con setenta.
21:50 Subimos la compra a su casa. Arf.
22:30 Sacamos la compra de las bolsas, la repartimos por la cocina y decidimos que ya no vamos a ir a mi casa a hacer las cosas que tenemos pendientes en internet, incluyendo colgar este post, lo dejamos para mañana.
22:50 Comenzamos a hervir los mejillones y dejamos las almejas en agua con sal para que suelten un poco de arena, aunque dice mi padre que hay que dejarlas una noche entera. El lambrusco va al congelador. Mientras cocinamos, abro un paquete de patatas fritas de esas sin gluten, sin sal, sin colesterol, sin aceite, que parecen de cartulina y que son adictivas y saco lo que queda del rioja que abrimos el otro día.
23:40 Cenamos, con vela roja y corazones incluidos.
0:30 El sueño me alcanza deprisa, viene cargado de imágenes extrañas. Recuerdo, sólo de pasada, que yo ocultaba el secreto importantísimo de alguien y que se me pegaba una etiqueta verde al interior de la nariz, llegando incluso a la garganta.
6:00 Vuelve a sonar el despertador.

 
reflexiones al respecto
 

Crisis existencial (continuación)

03.05.05 17:52 35ºC

Cinco días después, estoy igual o peor, porque lo que mi corazón me dice es que pase de absolutamente TODO lo que me aturde y desasosiega y vuelva a vivir como más me gusta, como de vacaciones, levantándome sin despertador, acostándome cuando me canse, escribiendo y componiendo cuanto me apetezca, riéndome de todo, conversando mucho, amando mucho, leyendo más. Pero da la puta casualidad de que con cada mes que empieza, hoy por ejemplo, necesito mil euros, para deudas sobre todo, por mi mala cabeza. Es decir, que estoy en la misma situación que otros millones de vagabundos espirituales, necesito tiempo para crear y no tener que preocuparme del dinero, ja qué listo. Me entran unas ganas enormes de HUIR, y PS me dice que no huya, que tengo que respetar mi karma, que tengo que enfrentarme con mis sombras y vencerlas, así que me ha recomendado que lea “Un mago de Terramar” de Ursula K. Le Guin. Ya estoy en ello, pero aún no me reconforta, no me ayuda en nada y yo, si algo necesito ahora mismo es enfocarme porque estoy desenfocado. No sé qué hacer con casi nada, soy pura indecisión.

 
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