| Chiste |
29.06.07 19:58 33ºC |
| Las cosas que me mandan por email :))
jajajajajaja!. Me lo enviaron esta mañana y todavía me estoy riendo!!! |
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| reflexiones al respecto | |
| El rickshawala gangoso |
22.06.07 15:34 40ºC |
| Veo su cara sonriente, qué feo y qué pesado es el cabrón. Le faltan muchos dientes, tiene uno recortado, como medio roto, de punta, que sobresale de donde deberían estar los incisivos. Las orejas muy abiertas. Sé que tiene el labio superior roto, porque hace unos meses no tenía bigote, ahora parece un poco mayor. ¿Qué edad tendrá?, imposible de adivinar, ¿veinticuatro?. Tan esquelético como todos los demás, con la pobreza como único traje diario. Es increíble cómo tienen fuerzas para pedalear en un rickshaw cargado de gente o de sacos o de muebles o de frigoríficos. Recuerdo, cuando la G. y yo llegamos en mayo del año pasado, que al ir a montarnos en nuestro primer rickshaw, cogimos dos porque nos parecía que uno sólo no iba a poder con nosotros, ay qué ignorantes éramos!. El rickshawala gangoso me espera todas las tardes al salir de la oficina para llevarme a casa. Eso tiene su parte buena, porque a esa hora no es fácil encontrar uno, pero también tiene su parte mala, este rickshawala huele fatal. Se me viene a la cabeza que somos los descendientes de una Europa arrasada por la Peste, donde oler mal era una alerta de muerte. Actualmente, seiscientos cincuenta y nueve años después, oler mal ya no es mortal, sólo políticamente incorrecto. Las vueltas que da la vida, precisamente fue en Bangladesh donde se originó esta pandemia, aunque entonces todavía no era Bangladesh, sino el norte de la India. Acabo de buscar Crimea en el Google Earth y no viene como una república independiente de Ucrania. Crimea es por donde se extendió la Peste desde Asia a Europa. Anoche estuve hasta las tres de la madrugada navegando con el Google Earth en perspectiva, estuve viendo sitios donde ya he estado y otros a los que me gustaría ir. Me quedé impactado con la isla de Pascua, un trocito de tierra en medio del océano, sin ruido, sin cables entre el cielo y el suelo, sin recovecos, sin bosques, es como la metáfora de la Verdad. Tengo que ir a esa isla un día de estos. Cuando vi la pista de aterrizaje me emocioné, lo juro, a mí la soledad me pone, pero sin dramas por favor, la soledad reflexiva, la pista de aterrizaje en medio de ninguna parte.... impactante. El rickshawala me espera y me habla en bengalí gangoso cuando me subo a su rickshaw y pienso si un día de estos voy a pasar de él y me voy a ir andando a casa. En este país los pobres son mayoría y los que se relacionan habitualmente con extranjeros son especialistas en extorsión emocional. Una de las costumbres del habla bengalí es llamar hermano y hermana a todo quisqui, bhai y apa, es decir yo para mis amigos de aquí soy Paco bhai. Es tan común aquí el uso de bhai y apa, que lo empleo sin darme cuenta. Cuando me preguntan por la G., me pregunta por bhabi, que es la mujer del bhai, algo así como la cuñada. Esto sólo es una forma amigable del habla, claro, pero el cabrón del rickshawala éste, que todos los días me pide que le dé quinientos takas, o cien takas, cuando lo normal son diez o quince, el otro día se pasó tres pueblos, tanto que me jarté de reír. Me dice, plañidero, dame cien takas que mi madre está enferma, y yo le digo, no, y él dale que te pego. Me sonrío, en realidad no me molesta profundamente que sea tan pesado, me incordia porque a esa hora ya estoy cansado, pero nada más. ¿Tú eres mi hermano, no?, me dice, y le digo, usando la misma fórmula amigable que usan aquí, claro, soy tu hermano, y él continúa, pues si somos hermanos entonces mi madre es también tu madre y tienes que ocuparte de ella, dame cien takas. Me descojonaba!!!, será cabrón!. Yo ya tengo una madre y está a diez mil kilómetros, chaval. ¿Por qué no paso de él y me voy andando?, porque creo que va a ser igual de molesto, o más, si lo hago que si me monto en el rickshaw y le sigo la corriente mientras le da a los pedales más-lento-que-ningún-rickshawala-de-Dhaka el tío. Me lo imagino persiguiéndome hasta casa comiéndome la cabeza de por qué no me quiero montar en su rickshaw, uuuuuhh!!!, paso, paso, haré como el de las Instrucciones para darle cuerda a un reloj, de Cortázar, que cuando le regalan un reloj en realidad el regalado es él y el que recibe el regalo es el reloj. A mí me ha tocado un rickshaw y no me queda más remedio que seguir adelante con él. Ayer salí un poco antes de trabajar y no había llegado aún, jejejeje. Verás el próximo día como le tengo que dar explicaciones, jajajaja!. |
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| reflexiones al respecto | |
| La caída del rickshaw |
14.06.07 21:15 36ºC |
| Sí, ayer volamos. Fue un vuelo corto, de unos cuatro metros, que aquí son unos trece pies, nos mantuvimos a metro y medio del suelo unas siete décimas de segundo y después aterrizamos. Lo malo de los humanos en temas de volar es que sin alas no somos nada, eso y los aterrizajes, claro, pesamos demasiado. El gilipollas del rickshawala, que es el que le da a los pedales y se deja la piel para ganar unos céntimos, frenó en seco justo en la puerta de casa, sin avisar, cuando ya habíamos comenzado a hacer el gesto de bajarnos y nuestro cuerpo estaba un poco inclinado hacia delante, lo hizo para evitar meter la rueda en el cemento fresco de nuestra rampa de entrada. Claro, esa es otra, el cemento fresco. La mitad de mí aterrizó en cemento fresco, menuda mierda!, la otra mitad, la derecha, fue sobre asfalto y ladrillos picados. La parte izquierda me la quité en la ducha, pero la derecha hoy duele más que ayer y tengo dos cicatrices preciosas en la palma de la mano, justo donde la apoyo para mover el ratón, que se dice fácil. También tengo arañazos en el brazo, codo, rodilla y dos buenos cortes en el dedo gordo del pie, jajajaja, mi dedo gordo del pie es excepcionalmente gordo y la G. se cachondeaba diciendo que claro, dónde si no, me voy a hacer daño!. No me quedó más remedio que hacerle notar que donde ella se ha hecho daño de verdad ha sido en el culo. La caída me ha hecho bengalí. Hasta ahora yo era un turista, un espectador. He estado asombrado estos nueve meses ante la distancia interior que sentía hacia todo esto, este país, esta gente. Es, era, una sensación involuntaria, incontrolable, auténtica porque no sabía de dónde me nacía y no podía por tanto estar manipulada por mi consciencia. En este tiempo he visto accidentes de tráfico y otras cuestiones hacia las que no he sentido ninguna empatía, como si las viera en el telediario. Me ha hecho falta besar el suelo de mala manera, darme cuenta de que aquí también puedo hacerme daño, el animal que llevo dentro, por debajo de la corteza cerebral, ya SABE que esto es REAL, no es ninguna película a la que asistir como espectador. No ha estado mal, no ha estado mal. Al rickshawala no le pagué ni un taka cagoensusmuertostó.
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| reflexiones al respecto | |
| Mi primer monzón |
10.06.07 21:53 23ºC |
| La primera vez siempre tiene algo de especial, la sorpresa, las sensaciones inesperadas. Ya hace unos días que todos los días llueve un buen rato. Hoy no ha parado más que una hora. Amaneció oscuro y refrescante, con sensación de chaparrón de verano, donde sabes que detrás del tormentón lucirá un sol espléndido. He salido de la oficina a las siete y media, ya de noche, he abierto el paraguas grande que me regalaron y que tanto le gusta a los banglas. Tiene un mango de madera muy anatómico y suave, como la ondulación de la ñ. Tengo algo de Antonio Gala cuando, al sentarme en un rickshaw, apoyo las dos manos en el paraguas y la barbilla sobre ellas, incluso digo "Dios es lo que Él se quiere" imitando su forma de hablar y me da la risa. La calle frente a la oficina estaba inundada, como casi todas, pero de un agua muy clara, no embarrada, claro con tanta agua se han lavado todas las calles. Por supuesto las farolas estaban apagadas casi todas, pero conozco bien la calle y sé dónde están sus obstáculos, el montón de ramas que han podado hace unos días y que han dejado a los pies del árbol, en el lado izquierdo de la calle, los grandes sumideros de agua que hay al final, de los que sobresalen, como un escalón imprevisto, las pesadas losas que los cubren. A pesar de todo sólo he podido averiguar dónde estaban los charcos metiendo los pies en ellos. Hace meses que sólo uso sandalias, es el calzado típico de Bangladesh y me siento completamente adaptado a ellas. He intentado evitar mojarme los pies andando de puntillas en la oscuridad, con mi bloc de notas en una mano y el paraguas en la otra, sin apartar la mirada del suelo, pero ha sido inútil, a los pocos pasos he dejado de preocuparme por el agua y he andado con naturalidad por la calle inundada. Qué agua más fresca!, me ha encantado!, la calle de mi oficina, la calle de todos los días, que está comenzando a desenfocarse de tantas veces vista, me ha regalado esta sensación maravillosa!. La he paladeado, no llovía mucho, unas gotas mansas y agradables, las veía caer a través de la luz de las farolas y al salpicar en el suelo. En la calle había poca gente, un rickshaw pedaleando de frente, con una bolsa de plástico atada a la cabeza como un turbante del siglo veintisiete, los vigilantes de la puerta de una embajada, con sus gorras militares rojas ladeadas y el uniforme caqui y blanco, el sonido del timbre de otro rickshaw muy detrás de mí, con suerte será ese el que me lleve a casa cuando me alcance. Sigo caminando y el agua fluye a través de mis sandalias, siento los pies limpios y relajados y por la boca del estómago me sube algo emocionante porque sé que éste es mi primer monzón y que aunque lea mil libros sobre él o escriba millones de palabras al respecto, nada puede sustituir a este paseo refrescante junto a la Gulshan Avenue. Por supuesto esta conciencia sobre todo lo que está ocurriendo me hace reflexionar sobre cien aspectos más de la vida, del mundo, del universo, de las entelequias y de las pasiones, pero tampoco voy a llenar un post con todas ellas, porque se convertiría en un post de cuatrocientas páginas. |
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| reflexiones al respecto | |
| Gente bengalí |
02.06.07 22:02 31ºC |
| Después de almorzar, me refiero al almuerzo andaluz de las dos del mediodía, no al catalán de las once de la mañana, me entra una desgana vital, casi depresiva, un no quiero ir a trabajar, quiero quedarme a leer en el sofá y dormirme despasito una siesta adorable. Con ese refunfuño interior me he subido al ascensor, que no se ha quedado parado entre dos pisos, ni la puerta del edificio tenía ningún obstáculo que me impidiera salir a la calle. He caminado un poco por la calle treinta y cinco, como cada día, bordeándola bajo los árboles de orquídeas y cocos de formas extraterrestres. Ahora, comenzando junio, ya hace mucho calor, y mucha humedad, porque el monzón está muy muy cerca. Llamo a un rickshaw desde lejos, oi khalid!!!, jaben?, poytrish sheshé jabo, vamos?, voy al final de la treinta y cinco. El rickshawala, el conductor, suda a mares, claro, cuestión de pedalear con cuarenta grados y la humedad de una sauna. Es un viaje de apenas un kilómetro, le pago diez takas, unos once céntimos de euro, el doble de lo que le pagaría cualquier bengalí, los extranjeros, los bedeshi, pagamos impuesto revolucionario por todo. Es una especie de norma no escrita. Al final de la calle treinta y cinco hay que bajar del rickshaw, la policía no deja continuar en horario laborable, el gobierno militar provisional está intentando solucionar el grave problema de los colapsos de tráfico a base de quitar rickshaws de enmedio para que quepan más coches y circulen más deprisa. Con el tiempo los rickshaws se extinguirán, como lo hicieron el vendedor de aricuquis, el árbol del barrero y el masbirras. Cruzo a pie la Avenida Kamal ata Turk y voy a por otro rickshaw para continuar hacia la oficina. Subo al asiento del pasajero y justo en ese momento me doy cuenta de que otra persona, un bangla, iba a subirse a la vez que yo pero he llegado un segundo antes. Amable que soy por naturaleza y porque me da la gana, le ofrezco el rickshaw y antes de que me dé tiempo a bajar, él ya se ha subido y sentado a mi lado. Entonces, en esa fracción de segundo lo entiendo todo y recuerdo que, a pesar de los ocho meses que llevo aquí, todavía no me acostumbro a la cordialidad de los banglas y a la naturalidad con la que lo comparten todo. Dan y toman casi sin permiso, sin necesidad de formalidades. Nos hemos separado en la puerta del Nordic Club, que está cerca de mi trabajo, y después, al pasar por la calle ochenta y cuatro me he reído, como todos los días, con los mendigos lisiados de la esquina, que invocan a Alá para pedir limosna de una forma muy peculiar, como un canto mantra, yo les imito al pasar, como cada día, y ellos se mean de risa, aunque igual también se cagan en mi madre en carsona porque jamás les doy limosna. |
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