| En el post anterior, alguien anónimo
me ha dejado la siguiente reflexión:
En los tiempos que corren no es bueno cerrarse puertas, pero nunca
he podido dejar de decir lo que pienso, así que te lo digo:
Allí la gente es feliz y es humilde y seguro que puedes aprender
muchas cosas de ellos, espero que entre otras te enseñen a pedir
perdón a las personas cuando eres injusto o te equivocas. Por
otro lado te deseo, como siempre, lo mejor.
Firmado: yasabesquien
Bueno, la verdad es que no sé quién eres, aunque he estado
mirando la IP de tu comentario y rastreando un poco, supongo que me
"imagino" quién eres, pero realmente aún sigues
siendo anónimo o anónima para mí. Tengo curiosidad
por conocer tu identidad, ¿serías tan amable de enviarme
un email dándote a conocer?. Me pregunto a qué te refieres
con lo de cerrarse puertas, ¿eres tú quien se las cierra?,
no sé si te refieres a que después de dejarme ese comentario
ya puedes despedirte de trabar amistad conmigo o a que yo me he cerrado
alguna puerta por lo que me dices después... no sé, acláramelo
por favor. ¿Conoces Bangladesh?, ¿te consta que allí
la gente es feliz y es humilde?, que yo sepa no tengo a nadie pendiente
de pedirle perdón, puedo garantizarte que absolutamente todo
lo que hago en la vida lo hago de buena fe, no me considero injusto
y, bueno, aprendo a base de mis errores, cuando me equivoco lo reconozco
al vuelo. Por otra parte estoy pensando que quizá tú eres
de ese tipo de personas que esperan algo de las demás y que se
frustran cuando no se cumple. Yo no soy así, no espero nada de
nadie, soy feliz viviendo individualmente en sociedad, hay personas
con las que comparto mi camino en la vida y personas con las que dejo
de hacerlo si siento que nuestros caminos apuntan hacia destinos distintos,
de ninguna de ellas espero nada, doy lo que tengo y tomo lo que me ofrecen.
Claro que tampoco he sido así toda la vida, ahora tengo más
perspectiva que hace quince o veinte años, tengo más capacidad
para distanciarme de las verdades absolutas que todos recibimos desde
la infancia y que, después, no lo son, claro.
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| Hemos venido impactados. Todo huele allí,
a veces condenadamente mal. Incluso antes de llegar al país,
cuando subimos al avión de la Biman en Bangkok, ya nos dimos
cuenta de que el ambiente era distinto, la azafata tenía una
complicidad con los pasajeros como si los conociera personalmente, como
si fueran todos del mismo pueblo, además el piloto, antes de
despegar, se puso a rezar en árabe por megafonía, seguido
por todos los pasajeros musulmanes. Quizá el olor más
abundante es el de una especia que no conozco, creo haberla localizado
en unos manojos en la calle, pero me despisté y no tuve ocasión
de comprobarlo, quizá sea cúrcuma, aunque no exáctamente.
Hasta el Marlboro huele a esa especia, una mezcla entre canela, jengibre
e incienso... no sé.
Dice mi hermana que el año pasado vio en Alemania, en un festival
de cine, una película de un director bengalí que se titulaba
“Las personas más felices del mundo”, la he buscado
en el oráculo Google, pero no aparece ni una sola referencia
a esa peli, a ver si me entero del título original. Así
son los bengalíes, contra todo pronóstico, viviendo en
la pobreza casi absoluta, felices y tranquilos, gente buena y cariñosa,
gente que te para por la calle, sólo porque eres un blanco entre
veinte millones de cetrinos, claro en realidad es como si a Sevilla
llegara una pareja de seres verdes de dos metros y medio de altura hablando
raro. Lo juro, en seis días sólo vimos por el centro de
Dhaka a una chica blanca.
La paz, la paz, la paz.... al día siguiente de llegar a Sevilla,
el viernes, estuve leyendo el periódico mientras desayunaba,
como tantos otros días. Me angustió. Estuve toda la mañana
con un nudo en el pecho por gilipolleces como que se habían parado
las obras del tranvía en la Plaza Nueva porque habían
encontrado una fuente romana bajo tierra, la eterna historia, bueno
pues yo con las lágrimas tontas, con una sensación, por
esa y por el resto de las noticias de España, de olla a presión,
de estar inmerso en un entorno excesivamente opresivo, y eso ha sido
el resultado de estar sólo seis días allí!! Es
difícil de explicar, la gente de Dhaka tiene un corazón
enorme, no tienen donde caerse muertos muchos de ellos, y aún
así están de buen humor. Conocimos algunos empresarios,
gente de distintas ocupaciones y todos estaban cortados por las mismas
tijeras, un abogado de los de renombre en la ciudad, con su despacho
occidentalizado, con su traje y su corbata, y andando descalzo por la
oficina, charlando con nosotros mientras se acariciaba el empeine de
un pie...
Cuando estuve en Túnez, hace años, odié a los árabes
por su molesta costumbre de regatear por todo, joder si cogí
el mismo taxi ayer cómo me vas a cobrar el doble hoy!!, bueno
pues en Dhaka y en Bangkok regatear es un juego, y además divertido,
porque ellos no se enfadan, juegan a negociar un precio y ya está,
los tunecinos, los marroquíes, se cabrean mogollón si
les aprietas mucho, como si de verdad fuera importante, pero eso no
sucede en Bangladesh, lo importante allí es vivir en comunidad,
tener siempre amigos cerca. También debe de haber malos rollos
por allí, supongo, supongo, pero yo no los he visto, aunque voy
a tener tiempo de verlos porque nos vamos a vivir una temporadita a
tierras bengalíes, año y medio como mínimo, quizá
más.
Qué hago con mis cosas?, las meto en un guardamuebles?, son cuatrocientos
euros al año, me las llevo a Bangladesh?, son mil o mil quinientos
euros, las quemo?, las vendo?, las regalo?... no sé qué
hacer, aún no lo sé, tengo unos tres meses para decidirlo,
nos vamos en septiembre.
En Bangkok sólo estuvimos un día, pero aún así
nos gustó, tuve un poco la sensación de Andorra pero a
lo bestia, una ciudad donde todo son tiendas, no hablan inglés,
vender sexo no es ningún tabú, las tailandesas son preciosas,
los tailandeses no tanto, la moneda es el Baht, ahora es el monzón,
calor y lluvia, todo parece sacado de Blade Runner. Me gustó,
me gustó...
Bangladesh es paz, estoy deseando llegar. |