En primera persona

28.06.05 10:12 20ºC

Llevo toda la vida escribiendo en primera persona, quizá por eso he tardado en darme cuenta de que soy escritor, aunque no publique, aunque no cobre por ello, porque todo lo que leía estaba escrito indefectiblemente en tercera persona. Blancanieves nunca contó como suya la historia de los enanitos, la contaba otro, el escritor. Paul Atreides tampoco, ni Aureliano Buendía, ni Momo, ni Bastian Baltasar Bux, ni Hércules Poirot, ni Sherlock Holmes, ni el Quijote, ni Jesucristo, que subcontrató a los apóstoles como narradores. Nadie, o pocos, habían escrito en primera persona hasta que aparecieron los Reality Shows y después los blogs, de forma que todo lo que interesa ya no es lo que cuenta alguien de otro alguien, sino los relatos auténticos, de primera mano, aunque los Reality Shows hayan degenerado en la podredumbre intelectual que son hoy día. Antonio Muñoz Molina escribe en primera persona en Ventanas de Manhattan, y Lucía Etxebarría en su premio Planeta y Ferran Torrent, que quedó finalista y Gabriel García Márquez en Memorias de mis putas tristes. Pues mira, me alegro de que esa sea la tendencia actual porque es lo que a mí me gusta hacer.

 
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Qué pasó en junio.

27.06.05 12:30 26 ºC

Me hubiera gustado escribir este post la semana pasada, cuando a esta hora hacía cuarenta y cuatro grados al sol, por decir que el verano feroz ya estaba en Sevilla, pero la verdad es que llevamos dos días dos, que no sube el termómetro de los treinta grados.

Este mes de junio, por cuestiones inconfesables, cambié de hábitos horarios y durante las tardes, que antes empleaba para leer y escribir, he estado trabajando, como un simple esclavo remunerado, porque necesito más dinero y de momento nadie me paga por escribir o por hacer música, que es lo que de verdad me pone. Así que por las tardes me iba a la oficina a navegar entre albaranes y facturas. Todo tiene su encanto, es cuestión de buscárselo, aunque es cierto que determinadas actividades irradian encanto por sí mismas, no hay que buscar nada, como hacer el amor con la persona adecuada en el momento adecuado, o tomar una cerveza fresquita en una terraza con vistas al mar Atlántico, pongamos, mientras lees un buen libro y fumas sosegadamente, o levantarse sin despertador. Pero a las facturas y albaranes hay que buscárselo. Me fijo, por ejemplo, en que un proveedor de carne ha mejorado la presentación de su factura, ahora tiene más logos, más colorines y, mientras lo archivo en la subcarpeta correspondiente, pienso que quizá esa empresa ha crecido sin darme yo cuenta y ahora tendrá algunos empleados más, algún despacho nuevo, y pienso en currículums y entrevistas, en vidas anodinas y vidas muy interesantes, para llegar a la conclusión de que todas las vidas son interesantes en el fondo, aunque parezca imposible, en algunos casos, porque dentro de cada cabeza y de cada pecho arden ideas con copyright, ideas útiles, ideas raras, ideas peligrosas, ideas divertidas. El otro día, uno de esos en los que hizo cuarenta y cuatro al sol, pasó por delante de mí una pareja de uruguayos o bolivianos, con la ropa que a mí me parece típica de allí, incluyendo el sombrero ese que parece un bombín, pero que debe tener identidad propia allende los mares, seguro. Eran muy bajitos, no creo que llegaran a metro y medio, de piel muy oscura y quemada por el sol, arrugadísimos. ¿Qué fascinante historia les habrá traído hasta una calle de la Alfalfa, en Sevilla, a diez mil kilómetros de su tierra? Turistas no eran.

En junio rechacé irme a vivir, de nuevo, a Cataluña. Seguramente hubiera sido por mucho más dinero de lo que gano aquí, no sé, ni siquiera comencé a negociar, pero no quería irme sin la G., no sin mi G., y trasladarnos los dos es un poco más complicado, aunque no imposible. Por otra parte está Rock’n’Roll Dildos, que es la nueva banda en la que toco el bajo. Me gustan y quiero ver hasta dónde llega la historia con ellos. Hablando del tema, el miércoles voy de técnico de sonido con los Gañafotes, que tocan en Mairena del Aljarafe y seguramente me marcaré un temazo con ellos. Hay que ver la de tiempo que hacía que no formaba parte de una panda de amigos, desde el dos mil uno, cuando éramos piña RL., el maño, especialista en mujeres y barcos, MB. el otro maño, ex-windsurfista, sesenta y seis años entonces, retirado ya del trabajo duro y viviendo su paraíso particular con I., la cubana cuarenta años más joven que él, que sin haber visto un ordenador en su vida, era capaz de desmontarlo y cambiarle procesador, placa base y memoria como si fuera un mecano cualquiera, GR., que entonces era mi novia, especialista en asuntos del campo, en saber cómo mantener un río en su cauce y cómo podar los plataneros correctamente, CV. que creo que se casó este sábado con su novia la pastelera, especialista en vender objetos del mueble y pinturas, gracioso como él sólo, imitador desternillante de Llongueras, jajaja!, joder, qué risa cuando me acuerdo. RG. el mejor guitarrista de rock de cuantos he conocido, compañero de casa, de trabajo y de todo durante años, él sabe casi todo de mí, yo sé casi todo de él. LF., la colombiana, que durante un tiempo fue novia del maño y compañera mía de trabajo, siempre tintineando como un cascabel, la recuerdo con el pelo recogido en dos coletas graciosísimas. Estos y yo formábamos una panda y lo hacíamos todo juntos. Eso molaba. De cada uno de ellos podría contar una historia fascinante.

Y ahora me hallo orbitando otra panda, casi toda de músicos, aunque también hay dos o tres pintoras, un futuro médico, dos informáticos, él y ella, y otra que no sabe qué quiere ser de mayor. Este es otro de los motivos por los que no quiero alejarme ahora de aquí, porque esta panda seguramente no siga junta el año que viene, o el siguiente, no sé, para vivirlos tiene que ser ahora o nunca, y entre ahora o nunca prefiero ahora.

Así que en junio he estado totalmente alejado del mundo virtual, tengo veintiséis emails pendientes de leer, entre ellos una conferencia mu bonita que dio mi hermanísimo allá por Long Island y que, además, debo convertir a VCD para que mis padres la vean, y se enorgullezcan de tener un hijo de provecho, que no soy yo. También echo mucho de menos todos los blogs que solía leer, pero soy un animal de costumbres extrañas y lo que hasta ayer era hábito, desde hoy dejo de hacerlo y siempre estoy reinventándome a ver si por casualidad me encuentro. Como un Danzarín Rostro, para los amantes de Dune.

 
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