De vuelta

27.6.04 19:05

Ese 41º que aparece en mi barra de tareas no son grados Fahrenheit, ni la temperatura de Hamburgo, ni la del interior del procesador, no qué va, es la temperatura que hace en Sevilla a la sombra ahora mismo. Pa llorar. Quién me mandaba a mí venirme a vivir al desierto!!, pero si yo estaba a punto de irme a vivir a Stiikunjarga, Laponia!!. El amor es así, el sexo es así, todo lo puede.

Nada más llegar me he encontrado una pequeña rebelión de máquinas, la tarjeta de video estaba fuera de juego, con la resolución al mínimo y con unas rayas verticales intermitentes con mu mal aspecto, a continuación la fuente de alimentación ha empezado a echar un humo pestilente de sobrecalentamiento y al mando a distancia de la tele se le han sulfatado las pilas, aunque de esto sí que me alegro. Soluciones: he apagado el ordenador ipso facto, que lleva encendido un par de años y quizá ha querido decirme que no estaría mal respirar con la calda que está cayendo; he sacado la tarjeta de video y la he vuelto a enchufar, así de terrible es el mundo del micro hardware, cuestión de quitar y volver a poner. Al mando a distancia le he limpiado la caca de las pilas y lo he dejado vacío junto al televisor con una sonrisa perversa.

Hola, mi querida ciudad, en el fondo sabes que te quiero...

 
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Cosas de aquí (Sachen von hier)

26.6.04 22:25

Me estaba duchando hace un momento y justo antes de salir he vuelto a abrir el grifo para quitarme la última espuma de los pies, entonces he evocado una escena de hace mucho tiempo, cuando era chiquetito, quitándome la arena de los pies en una ducha de las que hay instaladas en las playas de Isla Cristina, Huelva. Y digo evocado y no "recordado", porque evocar es un nivel superior de la memoria, por un instante he desaparecido de la ducha de esta casa de Hamburgo, con sus ventanas de aluminio blanco que se abren tanto horizontal como verticalmente, con la arboleda verde y lila que se puede ver a través del cristal mecerse con el viento, mientras de la ducha cae esta lluvia tan regular, tan inalterable, siempre con la misma presión, siempre con la temperatura perfecta, y me he trasladado a esa playa de Isla Cristina, he sentido con nitidez el hierro de la ducha pintada de blanco, calentado por el sol feroz de Andalucía, yo apoyado en la ducha, a la pata coja, levantando primero un pie y después otro para que el agua, hirviente también, hiciera correr los granos de arena por la piel hasta la base de cemento desgastada por el uso. La molestia en la espalda, sin llegar a ser dolor, de tantas horas de juego bajo el sol y el agua salada, la gente que espera su turno para usar la ducha, de pie en la pasarela de madera de listones blancos. Y de pronto he vuelto aquí, a la espuma que ya no queda y a la ducha de esta casa de Hamburgo.

Aunque aquí siempre llueve, no ha caído ni una gota en todo el día, y sobre las seis de la tarde ha salido un sol que no ha subido la temperatura más allá de los diecinueve grados. Aquí la gente respeta el silencio, es un valor tangible, del que se habla y al que se sopesa constantemente, ser ruidoso aquí está tan mal visto como ser saborío en Sevilla. Por ejemplo, en los anuncios de casas para alquilar hay dos datos imprescindibles que jamás he visto en España, uno en qué dirección está orientada la vivienda, las más caras son las que miran al sur, porque tienen luz todo el día y cuando sale el sol son privilegiadas. Cuando sale. Y otro dato que siempre ponen es si hay ruidos cercanos, como una calle con tráfico, o si es silenciosa. Y lo pone en todos. Cuando la gente va a visitar casas para alquilar lo hace en las horas en las que se puede comprobar si efectivamente es silenciosa o no, y abre y cierra las ventanas para comprobar el ruido ambiente, y no es raro que algunos lleven brújulas para constatar la orientación de la vivienda. Hamburgo tiene dos millones de habitantes y juro pordió que aquí se oye un coche muy de vez en cuando, ya no te digo una moto rompiendo tubarro o un cani con Navajiten Plateaden reventando por las ventanillas bajadas del buga tuneao. Aquí se está en silencio, y tengo que decir que mola.

Aquí la gente va en bici, todo el mundo, niños, niñas, ancianos y ancianas. Es más, los que todavía no saben pedalear porque son bebés y ni siquiera caminan, van en sillitas acopladas a las bicis o en unos carritos remolcados que llevan un banderín triangular en un palo muy largo para que todos sepan que hay bebé a bordo. Todas las aceras tienen su carril de bici, no pintado, sino construido con enladrillado rojo. Montar aquí una tienda de bicis es como montar un todo a cien en España o una inmobiliaria, dado los tiempos que corren. Esa es otra, aquí no hay forma de vender un piso, aquí todo el mundo vive de alquiler, Y ESO SI QUE MOLA, JODER, porque yo soy uno de los miles, quizá millones, de españoles que está quemadísimo con el tema de comprar vivienda en España, pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.

Aquí la gente es amable, sonriente, no sé, tienen cara de follar todos los días. Hablo en general, también habrá algún sieso por aquí que yo no he visto, que seguramente será extranjero, jajaja. Es broma, aquí hay lo que en todos sitios pero con la balanza agradablemente inclinada hacia el buen rollito. Se percibe una sensación general de que todo va bien, de que si hay problemas ya se solucionarán. Eso también mola.

En fin, si un día me vengo a vivir aquí, vendré con suficiente dinero para estar un año sin preocuparme por él, para aprender a hablar bien este idioma de criptógrafos y después ya veré qué puedo ofrecerle yo a esta ciudad y qué puede ofrecerme ella a mí.

 
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Otro extraño sueño

22.6.04 14:35

Esta noche la calefacción se ha portado mu malamente, y no he pegado ojo. Hace un rato me he dado cuenta de que parte de lo que he creído hacer al levantarme varias veces esta madrugada sólo lo he soñado. Juraría que junto a la puerta del salón había un mando de temperatura de la calefacción donde por fin descubrí como desactivarlo. Pero no, al lado de la puerta del salón sólo está el marco de la puerta del salón. Lo he soñado. En realidad, a las siete de la mañana, he descubierto por qué carajo las tuberías de la calefacción se han llevado toda la noche claqueteando a intervalos regulares de veinte minutos. El problema era que el termostato de la pared estaba encendido pero el mando giratorio del radiador estaba cerrado. Eso ha provocado algún tipo de empacho en las tuberías que conducen el agua o el aceite caliente de esta instalación y me ha tenido en duermevela toda la noche. Así que, en ese estado, inevitablemente, he tenido una pesadilla, y como todas, para mí inexplicable.

Yo no aparezco en el sueño, lo veo como si fuera una película. Veo un corredor de fondo en solitario por una pista de atletismo, de pronto parece que tropieza y cae al suelo, cuando intenta levantarse se da cuenta horrorizado de que ha perdido el pie derecho, no el zapato, sino todo el pie del tobillo para abajo. Ahora sólo tiene un muñón blanquecino, como de hueso machacado, que aún no sangra. Su pie derecho está unos metros más atrás, en la pista, con la zapatilla aún calzada. A continuación veo que han subido al corredor en una manta blanca y que tiran de ella para sacarlo arrastrando de la pista, aunque la pista ya no es de cemento rojo, sino de arena blanca de playa, y la manta arrastrada, con el corredor tumbado sobre ella, deja surcos a su paso. Lo siguiente es una cama de hospital donde el corredor está tumbado con la indumentaria verde de los enfermos, a su derecha hay una cortina que le separa de la cama contigua. Y aunque ya no veo los detalles de lo que ocurre, sé que hay una mujer en la otra cama, y que entre el corredor y ella se inicia un bonito e intenso romance amoroso.

 
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Excomunión

21.6.04 18:44

Resulta que un día le llegó a mi hermana su primera nómina aquí en Hamburgo, y descubrió con horror que un porcentaje infame, que todavía no he conseguido averiguar, de su sueldo iban para el sostenimiento de la Iglesia Católica. Tengo que avisar ya, que mi hermana no suele ir a misa de ocho. Ni siquiera los domingos. Así que cuando descubrió el hurto se fue a protestar allá donde se hagan las nóminas en su trabajo hamburgués, y para su sorpresa le dijeron que no había ningún problema si no quería contribuir con la Iglesia Católica, que lo único que tenía que hacer era EXCOMULGARSE. Claro, a la pobre le cambió el color de la cara porque para entonces ya había visto "El Exorcista" I y II y se imaginó que lo de la excomunión iba a ir en ese plan, el sacerdote, el agua bendita, los vómitos verdes... Se confundía. Se dirigió a la oficina correspondiente en cuya puerta rezaba la inscripción "Departamento de Excomuniones" en alemán, y un oficinista le informó que lo único que tenía que hacer para excomulgarse era pagar cuarenta marcos, de los de entonces, en el cajero automático que a tal efecto tenían allí. Y así fue cómo mi hermana, tarjeta de crédito en mano, perdió cuarenta marcos, de los de entonces, y la posibilidad de la salvación eterna en una parcelita de cielo, a la diestra de nuestro Señor, amén.

 
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Paseo matinal

20.6.04 20:55

Desde el balcón del tercer piso del edificio de la calle Hohenzollernring esquina Behringstraße veo muchas bicicletas aparcadas junto a los árboles que inundan este barrio y el resto de la ciudad. En realidad en esta frase no hacía falta poner el nombre de las calles, porque ya me dirás tú lo que aportan, pero claro, me hace ilusión escribir algo tan impronunciable, que además le dan como un aire de realidad palpable al hecho de que estoy en esta ciudad alemana y no inventandome un post cualquiera. El clima es traicionero, cinco grados esta madrugada, entre ocho y quince esta mañana, llueve diez minutos y sale el sol media hora, a veces sopla un aire helado que te corta el gesto en medio de la cara.

Se está celebrando la verbena de este barrio, la Altonale, y hay tenderetes montados en muchas calles, mucha gente, mucho bullicio, mucha música en directo, festival de olores a comida, carnes, brasas, inciensos, perfumes y olores corporales, todos agradables, cada uno me evoca recuerdos de hace mil años. Hemos caminado toda la mañana, casi diría que me duelen los pies. Por debajo del Elba, que es el río que atraviesa Hamburgo, hay un tunel construido hace cien años que lo atraviesa de parte a parte, con poca luz para hacer fotos con mi rudimentaria cámara digital, y huele a aire industrial movido por enormes ventiladores, igual que huele el metro de Madrid, pero no el de Barcelona, ni el de Londres. Quizá los motores de ventilación usen la misma grasa en Madrid y en Hamburgo.

Flota constantemente en mi mente que esta ciudad fue demolida por las bombas en la Segunda Guerra Mundial, y busco con curiosidad restos de ese cataclismo. Los encuentro al ver casas muy nuevas construidas entre otras muy viejas. En la puerta de muchas de ellas, en la acera, hay incrustadas unas placas metálicas, doradas, con los nombres de judíos que vivieron allí y que probablemente perdieron la vida en la locura nazi. Como tantas otras cosas que te cuentan pero que no ves directamente, hay que estar aquí y tocar la placa y leer los nombres y respirar este aire frío y húmedo para sentir el escalofrío en la nuca.

En Hamburgo están utilizando los edificios de antiguas fábricas para construir museos, cines y viviendas. Me encanta el resultado, porque esas antiguas fábricas son de ladrillo rojo, algunas con techos verdes que supongo que debe ser zinc oxidado, con vigas de madera en su interior, reforzadas por otras nuevas de hierro que no quiebran la estética, y por los mismos motivos que separan años luz comerse una hamburguesa en un McDonalds que un solomillo a la piedra en Casa Ramón en Ortells, Castelló, por esa acogedora sensación de pertenecer a algo sólido que lleva siglos en pie, que se ha construido con esfuerzo durante mucho tiempo y por muchas manos, frente a los asientos de plástico de la hamburguesería, escupidos sin amor por máquinas inyectoras y clonados en miles de establecimientos. Esta tontería de matices hacen que ir al cine entrando en estos edificios de antiguos ladrillos rojos y techos altísimos adquiera una cualidad mística y me reafirman en la certeza de cuál es el mundo que yo quiero habitar y cuál no.

 
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Viajando

19.6.04 19:01

No he llegado a cambiar de huso horario, tan sólo unos pocos meridianos hacia el este y unos dos mil km hacia el norte. En Hamburgo anoche hacía trece grados y lloviznaba. Aquí siempre llueve. Por no sé qué motivo anoche me esforzaba por encontrar los detalles que me hicieran darme cuenta de que estaba en tierra extranjera, porque me encanta sentirme fuera de casa. Pero no los encontraba. A la salida del aeropuerto, ya era de noche, estaban los taxis, los taxistas, la gente hablando alemán, las luces de la ciudad, pero nada que me hiciera sentir fuera de casa. He tenido que esperar hasta esta mañana, cuando he ido al baño, a sentirme con esa agradable sensación de estar en un sitio donde todo está por estrenar, donde no me ata nada conocido, porque, mientras meaba, veía por la ventana la vegetación frondosa de colores verdes y lilas agitada por el viento y la lluvia de esta mañana y, sobre todo, la ausencia de cables eléctricos o de teléfono, que siempre me da la sensación de estar en un sitio alejado de la civilización. Odio los tendidos eléctricos aéreos, con el gusto que da mirar hacia arriba y ver sólo las copas de los árboles y el cielo.

 
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Música y bichos

15.6.04 15:56

Llevo desde el dieciocho de mayo intentando comprar el disco de Maga en el Corte Inglés o en el Hipercor. Pero que no. Que ni lo tienen, ni lo conocen. Y ahora vienen las aclaraciones: no compro un disco original desde la banda sonora de "El Paciente Inglés", creo. Tanto hace que hasta ya la he perdido y todo. Después de eso todo ha sido Napster, AudioGalaxy, Kazaa y eMule, en ese orden. Y mira que yo con el tema de las artes que me gustan soy un manirroto, siempre me he gastado cantidades ingentes de dinero en libros, discos, cine, conciertos, teatros..., pero también soy un comodón y eso de decir "coño, yo me escucharía ahora Honestidad Brutal del Calamaro", siendo que "ahora" son las tres de la mañana de un sábado, por ejemplo, y enganchar el eMule y bajarlo en un rato, pues la verdad es que mola. Y lo siento por el Calamaro y por mí mismo, porque de aquí a que yo coma de vender discos tiene que llover tela marinera. Pero así está el tema. Y lo de buscar a Maga en sólo esos dos establecimientos es porque me vienen de paso y a veces paro y pregunto. En realidad podría tener el disco desde hace dos meses porque para algo uno es amiguete del cantante y de la diseñadora gráfica del CD, pero me daba la gana de comprarlo y que se ganaran dos duros a mi salud, aunque en realidad la diseñadora creo que lo ha hecho por amor al arte. De momento, en vista del éxito a la hora de comprar, me lo he bajado del eMule y lo he ido escuchando que, al fin y al cabo, es lo que importa. Pero prometo comprarlo. Aunque también lo tengo en mi inquieto carrito de la compra de fnac.es, lo que ocurre es que además de este CD tengo seis libros y como pulse el botón de COMPRAR, me vuelan ciento veinte euros, y tá la cozita mu mala. Pero todo llegará, no hay prisa, nunca hay prisa.

Y lo de los bichos es por el sueño que he tenido esta noche. He soñado que me salían gusanos de la cabeza. Sí señora, así de asqueroso era el sueño. Me rascaba entre el pelo en la parte que está sobre el nacimiento de la frente, y aunque yo no llegaba a palpar nada con el dedo, al momento caían gusanitos pequeños, blancos y desagradables, sobre la mesa, sobre los brazos, gusanos por todos lados, no millones ni miles, pero los suficientes como para preocuparme. Tengo que decir que en el sueño, ni estaba muerto, ni en condiciones cercanas a la putrefacción, era así de raro, me rascaba y caían gusanos. ¿Qué significará?. Y como en todos los sueños que tengo, cuando después los recuerdo despierto tengo una extraña sensación de que encajan perfectamente en mi mundo interior, es decir que ahora cuando lo pienso, no me resulta raro que me cayeran gusanos de la cabeza, tengo la sensación de que esa alegoría describe exactamente lo que siento en lo más más más profundo de mi mente, de hecho describe cosas que yo mismo ignoro y que no percibo de forma consciente. Y aunque las percibiera me da a mí que tampoco las contaría aquí.

 
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Sangre fría

1.6.04 0:14

Reduzcamos el pulso del tiempo a un sesentaavo. Si este post se lee en un minuto, lo que relata ha ocurrido en sólo un segundo.

N-IV, dirección Mairena del Alcor, donde la banda Abilio el Serio tiene su base de operaciones. Vamos en el coche el cantante, el guitarra y yo, el bajista, al volante. Vemos a unos doscientos metros un camión volcado boca abajo en la cuneta, las motos de la guardia civil y otros vehículos parados en el arcén. Cuando llegamos a la altura del accidente, ya reduciendo la velocidad, comienza "el segundo": nosotros vamos por el carril derecho de la autopista, por la izquierda nos adelanta un Audi y un Opel, el conductor del Audi frena bruscamente porque está pendiente del camión volcado que vemos a nuestra derecha, abajo en la cuneta. El condunctor del Opel no tiene espacio suficiente para frenar y, aunque clava los neumáticos, un chirrido rodeado de humo blanco que sale al quemarse la goma en el asfalto no evita que impacte violentamente contra el maletero del Audi. Ambos pierden el control, sobre todo el Opel, que tiene el morro totalmente aplastado y la dirección inservible. El cantante avisa en voz alta el choque inevitable "quilloquilloquillo!!!...". Aunque voy frenando lo más fuerte que puedo sin que me patinen los neumáticos, me acerco rápidamente al Opel fuera de control que pudiendo haber sido su trayectoria hacia la cuneta de la izquierda, el destino y el azar hacen que sea hacia la derecha, cortándome el paso, ocupando todo el carril en lo que comienza a ser un trompo. Piso el freno con más fuerza imitando el efecto del ABS que mi coche no tiene, es decir, cuando noto que patina aflojo levemente la presión y vuelvo a pisar el freno, comienzo a desviarme hacia la derecha, hacia el arcén, intentando evitar la colisión, intentando no caer en la profunda cuneta. Aferro el volante con todas mis fuerzas supliendo a la dirección asistida que mi coche tampoco tiene. Tengo el Opel a menos de diez metros y se acerca peligrosamente el comienzo de una valla de protección contra la que no quiero chocar porque el efecto va a escapar a mi control, podemos salir volando o empotrarnos contra ella. Decido en un milisegundo que tenemos que ir a la cuneta pero todavía vamos demasiado deprisa, entrar a esa velocidad puede hacernos volcar por lo inclinado de la pendiente lateral. Tengo que reducir velocidad como sea, decido chocar lo más levemente posible contra el Opel y después rebotar hacia la cuneta. La parte delantera izquierda de mi coche impacta contra la delantera derecha del Opel cortando el inicio de su trompo en seco, ruidos metálicos y cristales y aceites brotan en el impacto, y a medio metro del inicio de la valla de protección ataco la pendiente de la cuneta girando sólo un poco la dirección hacia la derecha para no volcar. Ahora sí piso el freno con todas mis fuerzas y las cuatro ruedas bloqueadas se clavan en la tierra del fondo de la cuneta. El coche se ha detenido completamente, inclinado hacia la derecha, no se ha calado, paro el motor y saco la llave, nos bajamos rápidamente. Guardo las llaves en el bolsillo, ni siquiera tengo el pulso acelerado.

Y ya ha pasado "el segundo". Un guardia civil viene corriendo por el arcén y lo demás, los papeleos, la revisión de los daños, etc, no tiene mayor interés. Hemos tardado una hora en solucionarlo todo y cinco minutos en sacar el coche de la cuneta que, sorprendentemente, después de arrancarle a tirones el guardabarros que atascaba la rueda, funciona a la perfección.

¿Y yo por qué reacciono así en estos casos?, no es la primera vez que me veo envuelto en situaciones violentas, y en todas se me congelan los nervios y actúo como si fuera una máquina insensible, con toda la sangre fría. Aunque hemos llegado tarde al ensayo no todo se ha perdido. Bueno, los mil o milquinien que me va a costar arreglar el halcón colillero y que me duelen las muñecas.

 
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