Cosas del escribir

22.7.04 23:12 31ºC

Estos últimos días tengo la certeza de que estoy en pañales en lo que a escribir se refiere. Leo lo que escriben otros y me doy cuenta de que no estoy siendo honesto cuando escribo, de que estoy reteniendo, reprimiendo, demasiadas cosas que contar y de que quizá por eso mi literatura no me gusta tanto como yo quisiera. Pero todavía no encuentro la manera de ser desalmado, o quizá almado, todo lo contrario, como parece que lo es Rachel o Paz o Bukowski. Desalmado porque veo en mi interior una caja de Pandora, un millón de cosas que no me atrevo a contar, ni siquiera de forma encubierta o disimulada porque rodarían cabezas, y esas cabezas pertenecen a gente a la que quiero. He aquí el dilema, la honestidad brutal destruye. Y me da igual que lo que destruya sean, digamos, ficciones, me da igual que lo que yo cuente sea verdad de la buena y lo que se destruya sean vidas que yo considero inventadas, aunque piense que estoy haciendo un favor a todo aquel que le quitase la venda de los ojos todavía no me siento con fuerzas para asumir esa responsabilidad. Platón no utlizó una pastilla roja y otra azul, sin embargo Morpheo sí tuvo esa delicadeza al ofrecerle a Neo la posibilidad de que si prefería vivir entre las sombras, era al fin y al cabo decisión suya. Eso le pasaba a Cifra (Mr. Reagan), el traidor de Matrix I, que prefería no conocer la cruda realidad, por eso pactó con Smith, para vivir en la feliz ignorancia. Yo conozco mucha gente así, gente a la que, insisto, quiero de verdad y que no se dan cuenta de que llevan un ser luminoso dentro, un artista inconmensurable, gente que sería infeliz si yo les contara qué pienso de la ficción en la que viven, que temblarían de inquietud si les sonsacara al bicho rebelde y creativo que llevan dentro. Y por eso, y porque no soy tan sabio, ni tan buen escritor, sólo escribo relatos tontorrones que son para mí como un campo de entrenamiento, como una paleta de pintor, donde mezclar palabras, expresiones, que me permitan afinar lo que quiero contar cada vez un poco mejor. Pero lo cierto es que me solivianta, aunque con una sonrisa de niño bueno, esas cosas que leo que también me gustaría escribir a mí pero que no me atrevo por todos estos motivos. BV. me dice, quizá con acierto, que prefiere leer mis posts que mis relatos, que hay mucha mejor literatura en aquéllos que en éstos.

El otro día me acordaba de un relato soberbio de Cortázar, "Ahí, pero dónde, cómo", ...animula, vagula, blandula, carita de mono temblando de frío..., ¡qué pedazo de relato, dios!. En él se lamenta Cortázar de su incapacidad, y la de todo escritor, para expresar exactamente lo que quiere, y tienen que recurrir siempre, los demás y él, a utilizar metáforas que acerquen al lector lo máximo posible a lo que el autor quiere transmitir. Me he dado cuenta, pensando en esto, que yo casi no uso metáforas, y que quizá Antonio Muñoz Molina dio en el clavo cuando me dijo que le gustaba mi atención a los detalles, por eso no las utilizo, porque intento describir con detalle lo que siento, lo que percibo por dentro y por fuera. Y aunque nunca he pretendido dejar de usarlas, como hace, por ejemplo, García Márquez con los adverbios terminados en "mente", que no los usa, o Cela en "La familia de Pascual Duarte" donde creo que no utiliza comas o puntos y aparte, o algo así, no recuerdo exactamente, me gusta que exista esa particularidad en lo que escribo. Es quizá el anhelo de tener una identidad propia, que aún no tengo, en esto del escribir.

 
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De lunes

19.7.04 22:06 27ºC

Hoy es un día de esos en los que todo me da igual. Me da igual que me recriminen, me multen, me digan o me succionen (¿eso también, Paco?, también Flannagan, también, glups!, dijo Flannagan). Hoy podría ir a tocar borracho a un concierto y decir, para recochineo del respetable, que el que está borracho es el piano, no yo. Hoy he trabajado poco, todo el día dando vueltecitas, una visita al cristalero para dejar el coche, una cerveza en el intermedio, otra visita para recogerlo, otra visita al taller para recoger el camión, una pausa para un tentempié, cuatro teclas en el ordenador, un viaje relámpago para abrir una puerta con las llaves equivocadas, el mismo viaje relámpago en sentido inverso para buscar las llaves buenas, el mismo viaje relámpago 2 para abrir por fin la puerta. Comida-merienda-cena a las siete de la tarde. Es en días como hoy cuando de verdad me siento vivo.

Un masaje en la espalda de cuarenta y cinco minutos estaría muy pero que muy bien.

 
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Domingo como hoy

18.7.04 18:05 33ºC

A veces siento que todos los días deberían ser domingo como hoy, claro que también debe influir que estoy oyendo "The King of Convenience" y música tan pollarda, como diría IH. siempre invita a la ternura y a la indolencia, y si además es un día de verano confundido con primavera, con poquísima gente en la ciudad y con un leve toquecito de cansancio, aunque no resaca, porque esta noche he dormido poco, entonces el panorama es perfecto para desear que todos los días sean como hoy, al menos hasta que me canse, porque yo hasta del Paraiso me canso.

 
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Sobre bloggers

13.7.04 22:08 32ºC

Dos cosas muy breves, una lo que me he reído hoy con el post "La permuta" del blog Funcionarios, de recomendada lectura. Y otra que la amiga NAYU ha decidido escribir un blog. Nayu es amiga de muchos muchos años de una galaxia muy muy lejana, y me alegro de poder leerla ahora que nos encontramos a unos ochocientos sesenta kilómetros de distancia.

 
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Vibraciones

11.7.04 23:20 28ºC

En el post anterior le respondía a María explicándole por qué me parece malo "El Código Da Vinci", lo pego aquí:

Te explico por qué me parece malo. Hace tiempo que al arte, a la creación, le pido que me emocione de alguna manera, si no no me gusta. Música, literatura, cine, escultura, teatro, lo que sea. Necesito que me haga vibrar para prestarle atención, y el Código da Vinci es muy entretenido, pero no me hace temblar ni un pelo. Para que te situes te digo algunas creaciones que me han hecho vibrar últimamente:
- "Un mundo en un cuadrado" de Maga
- "Las Horas" de Philip Glass
- "Ventanas de Manhattan" de Antonio Muñoz Molina.
- Un cuadro azul de Joan Miró.
- "Pagan Poetry" de Björk
- "Requiem por un sueño" de Darren Aronosky.

Pero bueno, yo para que algo me guste procuro verlo todo, oirlo todo, palparlo todo, sin freno. Así que lo mismo me como a los chicos OT que a Faulkner en sus peores momentos. Me cabe el mani, como se suele decir.
Cordiales saludos.
(oye, creo que voy a escribir un post con todo esto, jeje)

Aunque ya hay cosas por las que no me intereso porque he constatado que efectivamente no me hacen vibrar, pero es cierto, si algún camino intento andar es aquel que me produzca emoción, en todos los ámbitos. A esa lista hay que añadir:

- Conversar con T. sobre si debe reir o llorar.
- Ver amanecer las calles desiertas de la ciudad el domingo por la mañana.
- "Unison" de Björk
- Abrazar a HC. cuando hace tres siglos que no le veo.
- La página de Rachel.
- El instante de la película "Náufrago" donde, después de casi dos horas sin música, arrancan suavemente las notas del único tema de su banda sonora.
- El mar abierto.
- Un beso que me dio LG. en la estación de Santa Justa después de ocho meses sin vernos ni hablarnos.

Claro, en comparación "El Código Da Vinci" queda a años luz.

He añadido en el título del post la temperatura ambiente de Sevilla, porque este clima siempre da que hablar.

 
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Reto a los intérpretes de sueños

3.7.04 20:46

Al parecer HC. y RC. deben haber leído las memorias completas de Freud y Jung porque entienden mis sueños como si ellos mismos hubieran escrito el guión, y el caso es que yo nunca, o casi nunca, entiendo qué significan, lo más que llego a entender es que el sueño es efectivamente mío, que siento que su estructura concuerda con mi interior, nada más. De hecho parte del malestar de ayer tenía algo que ver con esto. La cuestión es que he tenido otro sueño indescifrable y lo voy a contar a continuación, no sólo por escribir un rato sino por ver si los sagaces HC. y RC. entienden lo que para mí mismo es incomprensible.

Transcurre toda la escena en la Avenida Doctor Fedriani, en Sevilla. Yo avanzo desde la Glorieta de San Lázaro en dirección al Hospital de la Macarena, creo que voy conduciendo un coche, aunque no lo tengo muy claro, quizá voy de pasajero en el asiento de atrás. En los carriles izquierdos de la avenida, en dirección contraria a la que me muevo, ha habido un accidente de tráfico mortal y muy sangriento. El coche en el que estoy avanza muy lentamente y me da tiempo a ver con nitidez el cristal trasero de un Renault 5 de los antiguos, hecho añicos, con un gran agujero por donde veo, o quizá imagino, que ha salido despedido uno de los ocupantes. Ahí no veo sangre, sin embargo unos metros más adelante veo un reguero de sangre escandalosamente grande y extenso, va desde una fachada bajando por la acera y cruzando toda la avenida hasta donde están detenidos los maltrechos vehículos accidentados. Es una sangre muy roja, quieta, como si la hubiera pintado un pintor de un gigantesco brochazo. Me da por pensar que el origen del accidente ha sido el atropello de alguien. Y creo que este plano termina aquí, me da la sensación de que he estado toda la noche volviendo al lugar del accidente viéndolo desde distintos ángulos. Recuerdo pasar caminando junto al lugar exacto del siniestro y ver tres cadáveres en posturas grotescas, dos hombres blancos y uno negro, como arrojados los tres a un sofá. Qué hacía un sofá en medio de la avenida se me escapa por completo, aunque estoy seguro que RC. y HC. sabrán al instante su significado, puede que incluso la marca del fabricante. Y pasé caminando también tras los cristales de una parada de autobuses con salpicaduras de sangre seca. Creo que no recuerdo ningún detalle más.

 
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Post enigmático

2.7.04 22:28

Tengo un humor de perros. Hoy me he llevado todo el día especialmente contento, y yo intuía que estaba quemando endorfinas como si fueran estupefacientes. Me veía venir el bajón. Así, sin más, todo está en mi cabeza, unas sinapsis conectan con otras que unas horas antes no conectaban y donde antes estaba la maravilla ahora veo el hastío y la asfixia. Voy a seguir leyendo "El Código Da Vinci", que es como un DVD pero sin sonido envolvente ni fotogramas a todo color. Qué libro más malo y entretenido, copón.

 
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