| Hace muchos, muchos años, un amigo
del que entonces era mi cuñado acuñó un término
maravilloso: “Centauto”, refiriéndose a un híbrido
perfecto entre humano y automóvil, de tantas horas al día
que se pasaba conduciendo.
Hoy me he reencarnado en su monstruo. Son las diez y media de la mañana,
voy camino de Konabari, a visitar una fábrica de accesorios textiles.
Cuando me he subido al coche, antes de arrancar, he abierto el maletín
del portátil y he sacado el ordenador, su cargador para el mechero
del coche, los auriculares pequeños que son como conchas sin
peso y que se cuelgan imperceptiblemente de la parte superior de las
orejas, lo que los médicos llaman el pericondrio tras el hélix,
los auriculares diminutos del móvil, la tarjeta pcmcia con el
módem edge para conectar a Internet usando un tarjeta sim y por
último he sacado el móvil de mi bolsillo izquierdo.
He puesto el portátil sobre mis piernas y he abierto la tapa.
Mientras arrancaba he insertado en el lado izquierdo la pcmcia y el
jack verde de los auriculares, el rosa del micrófono no lo he
enchufado porque no tengo suficiente ancho de banda para hablar por
skype. A continuación he enchufado los auriculares del móvil
y lo he dejado junto a la palanca de cambio. Me he metido los auriculares
del móvil bien adentro del pabellón auditivo y sobre ellos
me he puesto los auriculares del ordenador. Una vez que Windows ya está
en marcha veo que casi no me queda batería y enchufo el cargador
al mechero del coche y detrás del portátil.
Tengo que preparar unas tablas de excel para discutirlas en la fábrica,
abro la carpeta de mp3 y me pongo al Kiko Veneno.
Entonces se ha puesto en marcha el coche, obviamente conduce el chófer
de la empresa. |