| trii - fo ... |
19.02.08 20:20 18ºC |
| Los banglas no tienen sentido del ritmo,
aunque Bubo dice que yo tampoco, jajajaja, el muy cabrón. Me
acabo de cruzar con un autobús de los que llevan gente en el
techo, iban tres chavales dando palmas y cantando algo y el ritmo que
llevaban era un uno por cuatro, jajajaja!, para los que en vez de música
en el instituto dieron religión, eso significa una palma detrás
de otra, nada de UN-dos-tres-cua, UN-dos-tres-cua, que sería
un normalito cuatro por cuatro, sino, uno-uno-uno y así hasta
el infinito, y además pierden el ritmo. El año pasado
estuvimos en Srimangal, un pueblo al norte de Bangladesh bastante alejado
de la civilización, llevábamos en el coche un guía
al que le poníamos Radio Futura y él llevaba el ritmo
en plan bangla, a uno por cuatro, hostias qué risa, cómo
nos reímos!!, es que no daba ni una pero qué cara de felicidad
ponía!!. |
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| reflexiones al respecto | |
| El Despedidor |
19.02.08 17:24 20ºC |
| Joder, qué papelón. Al final
el sábado me reuní con el tipo mentiroso y me dijo que
él había dimitido hacía un mes, pero que el jefe
de su departamento no le había firmado el despido hasta este
jueves, coño-qué-casualidad. Le creí por un momento,
pero pensé dejar para el domingo tiempo para comprobar si lo
que decía era cierto. Y el domingo ya pensé que estaba
haciendo el gili dándole tanto margen al mentiroso. Entonces
a última hora de la tarde quedé con él en la oficina
y le di la agradable noticia. Pa qué, oiga, pa qué!. Me
tuvo una hora allí suplicándome que no le despidiera,
que tenía mujer e hijo, que se iba a pasar tres meses en su casa
sentado hasta tener un trabajo nuevo. Pues no te quedes sentado, joder!!!,
le decía yo. Sal y búscate la vida que ya eres mayorcito.
Hasta llamó a su mujer y me la puso al teléfono, en bangla,
venga, amo que nos vamo. |
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| reflexiones al respecto | |
| Mentiras de pobre |
16.02.08 17:00 22ºC |
| Estoy cansado. Y lo estoy sólo
porque me han mentido. Arrastrar esa mentira todo el día cansa.
Recuerdo una vez que estuve en Suecia, en Växjö, no sé
si es que me pilló la semana buena allí, pero tuve la
sensación de que nadie jamás me engañaría,
ni siquiera me mentiría, en ese país. Fue una sensación
inolvidable. Bangladesh es el polo opuesto, aquí mentir es una
actitud indispensable para buscarse las habichuelas. Claro que buscando
puedes encontrar gente que no necesite mentir para conseguir lo que
quiere, pero hay que buscar mucho, la verdad (o incluso sin la coma). Dios!, he tardado menos de un minuto en bajarme un libro de Baroja del emule!!, va a ser verdad que no sólo hay porno en internet!! :)) El párrafo en cuestión es de tan al principio que resulta que es justo el primero, y dice así:
Total, esta tarde me queda la entretenida tarea de reunirme con él, despedirlo y mandarlo al carajo. Enternecedor. |
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| reflexiones al respecto | |
| En coche |
16.02.08 1:00 17ºC |
| De un sólo segundo de pensamiento se podría escribir un libro de setecientas páginas. Estos días paso muchas horas viajando en coche, tengo impresa en la memoria el pulsador gris de la guantera que viaja frente a mis rodillas. Voy en el lado izquierdo, el volante está en el derecho. Para un extranjero, conducir en este país es arriesgado, no sólo porque se conduce por la izquierda, como sucede en Inglaterra o Hong Kong, sino porque no existe cultura de la circulación, la única regla de tráfico aquí es maricón el último. Es asombroso cómo pelean por cada metro de carretera ganado. Además pegan sus parachoques al coche de delante para que no se cuele ningún peatón entre ellos. Cuánta chapa abollada veo cada día, abollada y repintada con pinturas que no son lacadas, con pinturas plásticas de las de pintar hierros comunes, así los coches pasan de tener ese típico acabado metálico brillante a tener el aspecto viejo y desvencijado de una chatarrería. Babul bhai conduce a mi lado, a mi derecha, los bangladeshis son mulatos la mayoría. Hace poco me he dado cuenta de cuánto se parecen los bangladeshis a los portugueses, y es que al parecer Portugal estuvo presente en este país durante mucho tiempo, no lo he consultado, pero supongo que por la época de los primeros y grandes navegantes. Aquí hay gente que se llama Victor Gomes, por ejemplo. Babul bhai se pone sus gafas de sol macarras, lleva una chaqueta de pana y en su rostro, como en el de todos los bangladeshis, hay una sonrisa de felicidad constante. Las carreteras están inundadas de coches, autobuses, camiones probablemente importados de la India y de Nepal, por el aspecto pintoresco que tienen, rickshaws, bicicletas, motos, CNG (que se pronuncia sienyi) y que son motocarros de tres ruedas con conductor y asiento trasero para dos o tres personas y gente, mucha mucha gente, riadas de gente que se entrecruzan temerariamente entre el tráfico. Las carreteras de Bangladesh sufren un atasco continuado durante los trescientos sesenta y cinco días del año. Al fin y al cabo, igual que en todos sitios, las distancias se miden aquí en el tiempo que tardas en recorrerlas, como dice Renfe, de Dhaka a Narayanganj hay veintisiete kilómetros, en España yo tardaría unos quince minutos en hacerlos con mi coche, aquí se tarda una media de una hora y cuarenta minutos, a veces son dos horas y otras, muy pocas, una hora y veinte. Un atasco constante, humos y humos de escapes, Dhaka es una de las ciudades más contaminadas del mundo. Por las ventanillas, se ve a lo lejos la pequeña silueta imprecisa de árboles y edificios, difuminados por la polución. De cerca, vamos atravesando verdes plantaciones de arroz encharcadas. Como el embotellamiento es constante, nunca sobrepasamos los cuarenta o cuarenta y cinco kilómetros por hora, y nos detenemos completamente muy a menudo, la gente pasa por todos lados del coche, vestidos con todo tipo de trapos. La mayoría de los hombres usan un pareo llamado lungui, y suelen llevar camisas de colores chillones como si fueran aves tropicales, de hecho lo son. También muchos usan turbante y casi todos llevan bigote. Hay pocas mujeres a la vista. La carretera está destrozada, hay baches, zanjas, piedras, cristales de coches de los constantes accidentes que suceden cada día. Yo voy pensando en la posibilidad de tener un accidente mortal en medio de todo este caos, pero aunque las de tener uno pequeño son elevadísimas, la de que sea mortal no lo es tanto, porque la velocidad, como todo el mundo sabe, es un factor decisivo para palmarla dentro de una lata llamada coche, y aquí no hay forma humana de coger carrerilla. Una de las situaciones peligrosas que se me ocurren es la de rodar arcén abajo y quedar volcados en algunos de entre los miles de estanques y arrozales, y que el agua inunde el coche mientras colgado del cinturón de seguridad intento reorientarme y buscar el botón rojo al lado del asiento para soltarme, para cuando lo encuentro ya hace unos segundos angustiosos que tengo la cabeza sumergida en el agua turbia por el barro, después la puerta no se puede abrir, etc, etc, pero al final consigo romper el parabrisas de una patada y salimos del coche. Veo por la ventanilla tanta miseria material, y tanta tranquilidad y felicidad en sus caras que eso me hace pensar que tienen todo lo que necesitan y que esta variable, la de tener lo necesario, vale para todo bicho viviente. Puede que lo que yo necesito sean cien veces más objetos que ellos, pero si los tengo, mi tranquilidad será la misma. Lo que me lleva a pensar que tiene grandes probabilidades de ser cierto eso que se dice sobre que la felicidad no consiste en tener mucho, sino en necesitar poco. |
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| reflexiones al respecto | |
| Fábrica textil |
03.02.08 20:28 18ºC |
| Como si fuera un organismo vivo, ¡es un organismo vivo!, vamos fagocitando las prendas de otros compradores. Junto a las máquinas de coser, alineadas industrialmente, hay montones de ellas, unas terminadas y otras pendientes de hacer, las que tiene el otro comprador son de un equipo de fútbol o, probablemente, de críquet. Son prendas negras, con las mangas rojas, brillantes cien por cien poliéster, no encogen al lavar. Las nuestras son camisetas negras de algodón con capucha y mangas burdeos, con algún tipo de graffiti estampado en el pecho y en la espalda. El algodón sí encoge al lavar, pero si lo hace más de un cinco por ciento entonces la rechazamos. Poco a poco las capuchas burdeos van sustituyendo a los números del equipo de fútbol o de críquet. Claro, fuera de contexto es difícil de entender. Cuando escribo
esto yo estoy sentado en el despacho del dueño de una fábrica
textil. Como es viernes, él, que es un buen musulmán,
va vestido con ropa de viernes, el panjabi blanco, que es como una chilaba
y un tupi a juego, que es un gorrito como de encaje. El tupi y la alfombrilla
que usa para rezar, reposan junto al teléfono. El despacho es
austero y destartalado, como todo en este país, hay grietas en
la pared y necesita una mano de pintura a voces. Pero, honestamente,
primero hay que comer, y después ya se pintarán las paredes.
Los silencios son los grandes protagonistas de muchas conversaciones
en Bangladesh. F. bhai me mira mientras escribo, también mira
al frente, al infinito, y se pasa las manos por la cara lentamente,
como si acabara de despertar de un sueño profundo. Desde las
ventanas de su despacho puedo ver la sala de producción donde
están todas las máquinas de coser y los montones de ropa
de los que hablaba antes. F. bhai tiene varios clientes a los que les
cose ropa, uno de ellos soy yo, y tengo que convencerlo de que deje
de coser para sus otros clientes durante unas horas y dedique las máquinas
a mi producción. Hay varias formas de convencerle, después
de un año y medio aquí les he pillado más o menos
el tranquillo, aunque claro, nunca hay dos fábricas iguales porque
tampoco hay dos seres humanos iguales, pero las similitudes ayudan. Mi jefa, una sueca inagotable para el trabajo que, inexplicablemente, pasa frío en Dhaka, :)) seguro que se pone contenta. |
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