| Los corazones no se copian |
22.02.05 17:30 10ºC |
| Hace unos meses, alguien, de quien ni siquiera pondré sus iniciales, cometió un pequeño plagio, que después ha repetido en menor medida, con una obra de otro alguien que también conozco y que también mantendré en el anonimato. No sé qué pensar al respecto de plagiar, supongo que lo evidente, que si eres un creador, un creativo, y lo llevas en la sangre, ¿qué maldita satisfacción te puede dar el copiar la obra de otro? Aunque imagino que uno copia por necesidad, quizá la necesidad de presentar un trabajo a tiempo y no tener ninguna idea original. Algo así. Entonces se nos ocurrió colgar por toda Sevilla unos carteles que denunciaran este plagio y, pensando pensando, se nos ocurrió la frase "No debo copiar un corazón que no es mío", acompañada de una ilustración que dejaba bien claro, para el plagiador, lo que estábamos denunciando. Pero al final no lo hicimos, decidimos no hacer daño, aunque se lo merecía. Así que el otro día, tapeando con MR; se nos ocurrió formar piña bajo ese lema, "los corazones no se copia", y hemos abierto un concurso entre nosotros para crear un logo, que después será un sello de caucho con el que firmaremos las cosas que cada uno hace, reivindicando la autenticidad frente a la copia, el esfuerzo frente al plagio. Yo ya tengo dos propuestas para el logo. El domingo decidiremos con cuál nos quedamos. Además se lo hemos comentado a algunos amiguetes y faltan otros a los que contarle, por si se unen a esto que no sé cómo calificar. Digamos que es un Juego, como todo. |
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| reflexiones al respecto | |
| Las Pink Chochettes |
21.02.05 19:25 7ºC |
| Nos avisaron a última hora, que las Pink Chochettes actuaban en el Rincón de Esquivel, en la Alameda. Así que quedamos en ir. Antes paramos con MR; que es un pintor de maravillas sobre motivos infantiles, que ahora le ha dado por lo abstracto, en el Bodegón La Manchega, en Dr. Fedriani con Diamante, para picar algo. Me pedí carne de avestruz, que no la he probado nunca, pero no le quedaba, así que solomillo al roque. Volvimos a la eterna conversación sobre la sinceridad del Arte, y más o menos coincidimos en que el canal del arte que más nos interesa es aquel que consiste en usarlo para expresar lo más sincero de uno, intentando no castrar la obra con el qué dirán, el mundo en general y los demás artistas en particular. Para eso hay que saber emocionarse, con lo propio y con lo ajeno, hay que estar desprovisto de envidias. Diez cervezas después, churrasco, solomillo y mero con salsa de gambas, fueron veintitrés con cincuenta. Yo me iba a cambiar de ropa para ir guapetón al concierto de las Pink Chochettes, pero ya era tardísimo y me dejé el chándal y las zapatillas de gamuza azul, como canta Elvis, que me ha regalado la G. para que pueda ir a patinar en condiciones, que por cierto, el sábado por la tarde nos fuimos al Alamillo a echar unas carreras de patines en línea, después de zamparnos dos menús McDonald's para llevar, cerveza grande y cerveza normal, nueve con noventa euros, sobre un mantel extendido en el cesped, rojo con líneas blancas que lo cuadriculaban, y después de echarnos una siesta estupenda cuyo final llegó en forma de balón de reglamento dorado con marcas deportivas inscritas. En el Rincón de Esquivel estaban las Pink Chochettes y la mayoría de los Gañafotes, aunque no todos, porque el cantante se ha ido de Erasmus a La Haya, el batería está en Huelga de Salir de Copas, y el bajista estaba en paradero desconocido, al menos para mí. Hubo de todo, casi siempre versiones de cosas que parecían los Pixies y los Class, aunque no estoy muy seguro, porque yo no conocía ninguna. Cantaron un tema, o temazo, como dicen ellos, muy lento y preciosista e invité a la G. a bailar, ese gesto, tan sencillo y agradable, llenó al instante de ternura el bar, porque yo observaba cómo todos nos miraban con una sonrisilla inevitable en los labios, quizá de vergüenza ajena, quizá de alegría ajena, quizá enternecida. Al final, las Pink Chochettes se marcaron un "Mr. Seymour, give me a dream..." a capella cantando tan mal como podría hacerlo el peor de los mortales, pero devastadoramente divertidas porque lo cantaron y lo coreografiaron hasta el final, sin miedo y muertas de risa, como Cameron Díaz en "La boda de mi mejor amigo", cuando se pone a cantar en aquel bar contra todo pronóstico. Nos reímos a carcajadas todos y cada uno. De todo esto hay fotos y vídeos. Evidencias gráficas. |
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