Lo de la novela

31.01.05 13:10 10 ºC

Granada Arias y yo hemos escrito, a medias, una novela corta, tiene ochenta y nueve páginas. Se titula "Tejido por hilos invisibles" y ha quedado muy mona. La hemos presentado al concurso propuesto por Prensa Malagueña, del que me avisó C.(link), mil gracias! y ha sido una experiencia genial. De momento creo que no puedo colgarla en internet porque no me lo permiten en las bases del concurso, pero quien esté interesado en leerla puede enviarme un correo(link) especificando si la quiere en formato Word o PDF y gustoso, se la haré llegar. Para eso la hemos escrito, para que sea leída. ¿De qué va?, pues son dos historias entrelazadas, una de ellas es una historia de amor plagada de obstáculos y de magia a la vez, está narrada desde el punto de vista de los dos personajes que la viven, las cosas que cuenta él están escritas en color azul, las que cuenta ella están en color rosa, ¡qué alarde de imaginación, jajaja!. Aunque parezca una tontería, incluso aunque sea una tontería, el resultado ha sido bueno, ha quedado muy bien que los mismos hechos estén diferenciados, no sólo por la personalidad de cada uno, sino por el color del texto. La otra historia es la de un hombre que se despierta un día y descubre que está solo en el mundo, no hay ni personas, ni animales, todo ha quedado deshabitado. En un momento concreto ambas historias convergen. Para quien quiera saberlo, tiene un final feliz, para quien no quiera saberlo, que ignore esta última frase, if...then...else, uno es programador hasta en los momentos más insospechados!.

 
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Queridos sevillanitos

31.01.05 13:04 10 ºC

Hace mucho que no utilizo la palabra endogamia. Pues el otro día se la oí a JS. dialogando sobre los sevillanos. Estoy de acuerdo con él en que Sevilla es así, endogámica, se alimenta de sus propios jugos y le cuesta horrores dejar entrar los ajenos. Parece que choca contra el arquetipo de que los andaluces somos abiertos, afables, simpáticos, acogedores, pero qué va, es todo mentira, es sólo fachada. Cuando salí de Sevilla, hace ahora trece años, fui a parar a Valencia, después a Benicassim (¿se escribe así?), a Vinaròs, Amposta, Masdenverge, Tarragona, Barcelona, Madrid, después estuve dando vueltas con un amiguísimo camionero, por toda la geografía de levante, y, esporádicamente en estos trece años, estuve de excursión por Francia, Bélgica, Holanda, Alemania, Suiza, Eslovaquia, Inglaterra, Escocia, Dinamarca, Suecia, Florida y New Orleáns. Las que no he puesto, debe ser porque no se me grabaron en la memoria, debe ser desinterés. ¿Por qué tanta enumeración?, por poder decir, con algún conocimiento de causa, que Sevilla es endogámica. Que aquí cuando vas con alguien por la calle y se encuentra a unos amigos, no te los presenta ni que lo arrastres, porque aquí los círculos son cerrados, aquí o te integras por tu cuenta, riesgo y esfuerzo o nada. Aquí, todo el mundo ve con naturalidad que te pares a hablar con alguien y no le presentes a quien contigo va, que no se le dirija la palabra, como si no existiera. Y sin embargo, por tierras con menos fama de amigables, los amigos de tus amigos son los tuyos hasta que demuestres lo contrario. A mí, que soy de aquí, eso me jode, y el otro día yo mismo me paré a saludar a alguien y no presenté a quien conmigo iba!!. Qué coraje me dio cuando después me di cuenta!!, lo había asimilado por ósmosis. Ya vuelvo a ser un sevillanito de los de aquí, y no me da la gana. Que no.

 
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Un día malo

20.01.05 9:04 9ºC

Hay días en los que todo sale, no mal, sino peor. Hoy es uno de ésos. Cada golpe que me doy es en el nudillo índice derecho, donde tengo un corte que me hice ayer o anteayer cerrando el maletero. El sol está muy bajo y a veces no veo nada por el parabrisas, pero es que cuando lo tengo a la espalda no veo nada por el retrovisor. Hoy todo va a salir mal, lo sé y lo voy constatando a medida que transcurre la mañana. He pasado dos horas inútiles delante del ordenador, sin hacer nada con la de papeles atrasados que tengo. Me he comido el atasco de las nueve en la SE-30, de hecho estoy escribiendo sobre el volante, por detrás de un albarán amarillo. Anoche fui un estúpido, lo último que dije antes de dormir fue una estupidez enorme y tengo la mala costumbre de levantarme con el mismo pensamiento que me acuesto. Así que el despertar no ha podido ser más desagradable, una hora antes de que sonara el despertador, con la falta de sueño que arrastro. Anoche estaba muy cansado y me dolía horrores la garganta. Ahora mismo estoy igual, cansado y con dolor, un poco menos, de garganta. En realidad todo lo que me pasa es eso, que estoy cansado y me vuelvo patosísimo, como los bebés. Me han pitado en todos los stops, he hecho que un repartidor de botelleros de agua hiciera un viaje para nada, porque en la misma puerta le he dicho que nadie quería el puto botellero, que se lo llevara, y eso que ayer le dije que sí a la pesada del telemarketing que me llamó. La culpa es mía y lo siento, lamento ser hoy un pozo de desaliento. De todas formas me lo tomo con distanciamiento, me miro como un espectador, viendo cómo todo me sale mal a cada paso que doy, aunque sé que todo esto pasa de largo, como pasan las tormentas y como pasan los desastres. Lo sé y me da frialdad, pero no me soluciona ninguna de las cagadas que todavía me quedan por cometer hoy. Sólo necesito un abrazo y un poco de ternura, como necesitan los bebés cuando están patosillos. Y descansar. ¡Dios, el día no ha hecho más que comenzar!.

 
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