HACER UNA DONACIÓN

El 11/12/2010 leí en la web de Bianca Zander la propuesta de donar dos dólares para patrocinar una frase de la novela que estaba escribiendo, ocho dólares para un párrafo y veinte por una página, y me pareció una buena idea.
Antes de esa idea había intentado otras cosas. Por ejemplo, le escribí un email a un jeque árabe proponiéndole que patrocinara a un escritor español desconocido: yo. No me respondió. Después le escribí una carta de papel a un famoso escritor español que creí que estaría bien dispuesto a echarme un cable, sólo porque hace veinte años intercambiamos algunas cartas y alguna conversación en persona y porque mi intuición me decía que se alegraría de recibir noticias mías después de tanto tiempo, ¡además desde Bangladesh! Mi intuición me falló, pero fue bonito pensar la carta, escribirla, enviarla y rastrearla. Como la mandé por una agencia de mensajería podía seguirle el rastro por Internet. Cada vez que la carta cambiaba de lugar, yo lo copiaba y lo pegaba en el Google Earth, así veía por dónde iba viajando. Paró en un almacén precioso cerca de Heathrow, en Londres. Ya no me acuerdo de la dirección exacta, pero desde arriba se veía un enorme círculo de árboles alrededor del almacén y un camino de tierra desde la carretera hasta los muelles de carga. Me gustó que mi carta pasara un día allí.

Dicho esto, ahí abajo tienes un botón. Cuando lo pulses tú pasarás a ser un poco más pobre y yo un poco más rico, pero ten presente una cosa: sólo quiero ese dinero para poder seguir escribiendo, porque cuando no lo tengo, me veo obligado a trabajar de informático, de recogedor de naranjas, de repartidor de carne congelada, de controlador textil en Bangladesh y de cualquier cosa que se ponga a tiro. Y no me gusta. Prefiero escribir. De hecho es lo único que debería hacer durante todas las horas del día, pero si lo hago, ¿quién va a pagar las facturas mientras tanto?

 
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