| Un reloj. Es bonito. De acero con la esfera
azul, quizá sea igual que el que lucía Bond, James Bond...
No sé. Vaya, una nueva muñeca. Ésta además
de hacer sus necesidades, tiene la regla y se queda embarazada. Me pregunto
si los comerciantes tienen en cuenta la vida real o no... Bueno, he dicho
una tontería. Además tiene un parto por cesárea.
En fin, que vayan aprendiendo que ya les tocará. Colonia de hombre.
Joder, yo quiero ser un tío así. Guapo, cachas que te cagas
y con ese pedazo de coche. Bueno, con la tía esa también
me quedaba. Empiezo a tener serios conflictos con mi lado femenino. Que
le den, no todos los días se es un tipo así. Además
como dijo el filósofo: “Son toas unas guarrillas”.
Picó. Es verdad, que ya estamos en vísperas de fiestas.
El lobo. Claro. Espero no perderme el de Freixenet éste año
(como si eso fuera mínimamente posible). Por lo visto lo presenta
la niña esa tan mona y tan rica que me cae tan gorda. El Corte
Inglés. Ahora si que es oficialmente Navidad.
Creo que voy a dejar de ver los anuncios un rato. Voy incluso a darme
una ducha. Bueno, luego.
Son las diez y pico en punto. No sé si quedar o ver la película
que pongan en una de las privadas. Lo pensaré. Ya. Paso. He quedado
con unos amigos en el bar de siempre, no vaya a ser que lo cierren y no
nos pille dentro. ¿Qué hora es? Las once menos algo clavadas.
Será mejor que me vaya pensando eso de ducharme. Luego. Además
soy soltero y sin compromiso. Definitivamente no me ducho. Aunque claro,
cabe la posibilidad de que ésta noche suceda un milagro y ligue.
Ya me he puesto la chaqueta, es tarde para la ducha. Además, no
voy a comerme ni un rosco...
¿Cojo el coche? ¿He cogido las llaves del coche? ¿He
cogido las de casa? Y lo más importante: ¿Tengo dinero?
Dios, se nota que me estoy haciendo mayor. Acabo de salir en babuchas.
Menos mal que la calle está desierta. Hace un frío que pela.
Voy a coger todo lo necesario.
La llave de casa, claro. Toca llamar a la ventana. Espero que mi madre
no crea que soy uno de esos gilipollas que fuman porros en el portal y
me eche un cubo de agua con lejía.
Ha habido suerte. Soy viejo pero aún ando bien de reflejos.
Qué calentito se está dentro de casa. Además hay
turrón de chocolate. Se ve que también han visto los anuncios.
Bueno, es del Dia, no del Lobo, pero sabe bien.
Veamos: zapatos (importante), llaves de casa (también), llaves
del coche (prescindibles). Las doce menos cuarto. Genial. Ahora cuando
llegue, encima me tocará estar de pie hasta que se vaya la típica
parejita que se pega toda la santa noche pegada a la barra. Snif, qué
tiempos. Hace mucho frío. Cojo el coche, ya lo llevará alguien
luego.
La leche, el volante está congelado. Primer intento fallido. Éste
no quiere arrancar hoy. Segundo intento. Tengo suerte pero no tengo gasolina.
Perfecto. Ahora me toca hacer de tripas corazón y pedirle a mi
madre otras dos mil pelas.
Mi madre es una santa y mi padre un enrrollao. Qué calentito se
está en casa, joder.
Arranca a la primera, parece que se haya enterado de que lo llevo a la
gasolinera. Semáforo en verde, llego, llego... no, en rojo. Voy
a poner la calefacción que me estoy quedando como un pajarito.
Verde, ésta es la mía. Dirección a la gasolinera.
Voy a poner la radio que no tiene el coche (qué pena me doy). Para
variar hay más gente ahora que cualquier día por la mañana.
Claro que lo que consumen no es gasolina precisamente. Si, quinientas
de super, gracias. Ya tengo mil quinientas más para unos cubatines.
Me sigo dando pena. Listo. Ahora toca encontrar aparcamiento en el centro.
Chungo. Son las doce casi y veinte y no tiene pinta de que haya sitio.
Efectivamente. Una primera vuelta de reconocimiento. Nada. Otra. Negativo.
Me tienta aparcar en el gorrilla carroñero pero paso. Otra vueltita
que seguro que ahora si hay sitio. Efectivamente. Está cerca de
mi casa pero al fin he podido aparcar. Qué frío hace fuera
del coche.
Se nota que las fiestas se aproximan porque huele a chimenea por todas
partes. Si me gustaran las castañas asadas me compraba un paquetito.
Doscientas pesetas por cuatro castañas pochas. Elijo la opción
de tomarme una cerveza de importación (de las baratas). Lo dicho,
el bar está empetado. De los colegas ni rastro. Habrán tenido
un ataque de lucidez. Me acerco al bar de al lado. Efectivamente. Hola,
besitos a todos y chiste de última hora. Ése no lo sabía.
Es gracioso. Hoy se han puesto muy guapos. Me pregunto qué día
es hoy. ¿Viernes, sábado? Estoy empezando a sospechar lo
peor. Veo mucha chaqueta y mucho traje de noche. Mierda. No puede ser.
Claro. Así están de llenos los bares. Joder y yo ni siquiera
me he duchado. Espero no oler demasiado mal. No. Ha sido una falsa alarma.
Me comunican que hay una boda. Menos mal. Llega a ser nochebuena y dejo
el alcohol... Bueno, los cubatas durante un tiempo ( una semana o dos...
una). Se va encartando tomarse algo. Pido un cubata. Negrita con cola,
mucho hielo y limón.
Negrita con Pepsi, sin limón y con cubitos de mentira. El primer
buchito. Hmm, qué rico. Otro. Un cigarrito. Hmm, estoy hecho un
yonqui. Acaba de derretirse el hielo. Pruebo a pedir más hielo.
Pero en el cuarto buche me lo he acabado. Pido otro. Otro cigarrito. Lenny
Kravitz. “I belong to you”. Hablo con una amiga. Dios, qué
buena está. Risas. Dobles intenciones por mi parte. Salida torera
por la suya. Ya me conoce. Hablo con un amigo sobre mujeres. Son todas
unas putas. Risas y lagrimita interior. Me falta algo. Si, claro, un cigarrito.
Me quedo sin fuego. Es perfecto. Le entro a una niña que está
que se sale del pellejo. No fuma. Da igual, le cuento el chiste que me
acaban de contar. Se ha quedado muy seria. Hago como si me llamaran (el
longui, vaya) y la dejo con cara de “machista capullo”. Tercer
cubatín. Ole. Cada vez estoy más lanzado. Rolling Stones
“Star me up”. Meneo un poco el cuerpo. Me hago daño
en la rodilla. Paso.
Intento entrar en la conversación. Política. Talibanes.
La Cia. La gasolina de los cojones. Asiento seriamente. La última
película que han visto y que yo no. No me entero de nada. Cambio
de bar. Nos vamos al nuestro, la cosa mejora. Frío que te cagas
en el trayecto. Menos mal que son diez metros. ¡Atención,
sitio a la vista! Hemos cogido la barra. Para celebrarlo me pido otro
cubatita. Aquí lo del limón y el hielo lo doy por perdido.
Me recuerdan sin palabras la roncha que debo. Me hago el loco y hablo
de la peli esa que no he visto. Coño, Pearl Jam, ya la hemos liado.
Gritamos la canción como posesos. El único que se sabe la
letra está sordo, así que simplemente gruñimos como
locos. Meneo de cabeza a izquierda y derecha. Se me cae parte del cubata.
Otro cigarrito. Me siento feliz. Me dice una amiga que tengo el guapo
subido. Es la novia de un amigo, controla. Gracias, ¿Te has teñido
el pelo? Estás muy guapa. Brindamos por lo guapos que somos. Último
traguito. Llegan dos amigos más. Abracitos. Suena Kula Shaker.
Volvemos a gritar, pero sin tanto derroche de emoción. Decido no
sangrar más tabaco y me dirijo a la barra. Pido cambio. No tiene.
Bien, tendré que pedir otro cubata... Saco un paquete de Chester
y me da otro de regalo. Ay, qué cosas tiene éste bar. Abro
el paquete y reparto tabaco. Nadie quiere porque ya están fumando.
Luego. Vaya, ahora toca la canción moña. No me gusta nada
el grupo ese heavy-folk. Un grupito de niñas cantan como energúmenas.
Qué valor, qué forma de dar el cante. Ahora, están
muy bien. Acaba de entrar “el gordo”. Mirada cómplice
con mi amigo del alma ( ya empiezo con el puntín). Risas de mala
leche.
Las dos de la mañana. Qué joven es la noche. Ponen The Beatles
“Something”. La muerte de Harrison y la absenta hacen milagros.
Ya toca ir al servicio. Cola. Aguanto cómo puedo. Me siento en
el congelador que hay justo en frente. Nada, me meo. Al fin. Tarareo la
canción mientras me desahogo. Hmm. Placer y buen rollo. Otro cubatita
(odro cufatita).
Horror. Salgo del servicio y entran por la puerta mis dos ex, él
y ella. Mierda. Bueno, ya no me afecta. No, no me afecta. Hago un chiste
con mala leche. Canto la canción de turno a grito pelao. Risas.
Miradas de reojo. Mamones. Risas. Tranquilidad que no pasa nada. Enciendo
un cigarro que me dan y tiro el mío, recién empezado. Suena
Cake “I will survive”. No sé si lo han hecho queriendo,
pero igualmente la canto como si estuviera sólo en el bar. Gran
trago de cubata sin hielo y sin limón. Me pasan por la cabeza cuatro
años enteros. Nada, nada, odro cufatita. Empiezo a tener calor.
Intento meterme en la conversación, que a estas alturas ya sólo
es de música y tías. Aclaro que son toas unas putas. Risas
de ellos y miradas de lastimita de ellas. Yo a lo mío. Un cigarrito.
Otra mirada de reojo. Suena U2 “With or without you”. Ya me
está tocando las pelotas el que pincha. Entra mi hermano con el
bajo a cuestas, sin esposa y sin hija. Regalito del Señor. Abrazos
compulsivos. ¡Niño, dos cubatines! Me cuenta que ha estado
tocando en el pueblo que perdió Cristo los clavos. Caseta municipal
de feria, cateto y borracho a mansalva. Hablamos de cuando éramos
famosos en todo el pueblo. Risas. Cara de nostalgia. Lagrimita interior
otra vez. Las tres y pico pasadas. Ya tenemos todos banquitos. Cerramos
el círculo a indeseables. Música sin identificar. Miradita
de soslayo. Me meo otra vez. Aprovecho que no hay nadie. Meo y me cago
en la puta madre de dos o tres. Me rio yo sólo. Estoy un poco ciego.
Salgo y me hago el interesante, pero sólo quedan tíos. De
repente se han ido todas las tías. Incluso mis ex se han largado.
Pena por dos razones: no puedo machacarme y me quedo sin argumentos. Pienso
en cosas que no debería. Me pido otro. Me invitan. Ole. Hablamos
de tías, pasando de música. Las cuatro y media. No puede
ser. Hace diez minutos eran las tres y poco. Pink Floyd “Wish you
were here”. Definitivamente es una conspiración. Echo las
culpas a que están cerrando. No nos mueven ni a palos. El último.
Caras largas por parte de los camareros. Nosotros tres a nuestro rollo.
Por cierto, la gente se ha ido y me he quedado con dos personas que no
conozco muy bien. Hablamos de cualquier cosa. Me empiezo a encontrar mal.
Decido irme. No sé dónde está la chamarreta. La encuentro.
Me voy. Qué frío sigue haciendo en la calle. Arranco el
coche a la primera y meto primera. Me río yo sólo. Voy con
el freno de mano cogido hasta el primer cruce. Anda que... Llego a mi
barriada y aparco en cualquier sitio, de todas formas mañana no
me acordaré ni de coña dónde he aparcado. Intento
en vano no hacer ruido con las llaves. Intento en vano no hacer ruido
con las puertas. Intento en vano no hacer ruido poniéndome el pijama.
Tengo hambre canina. Abro el frigorífico. Ensalada, no. Puchero
menos. Opto por un emparedado de atún con tomate. Mejor mayonesa.
Mucha. Me lo como viendo una película eslovena que ponen a éstas
horas. El bocata me ha sentado mal. Pruebo con una lata de mejillones.
Peor. Apago el televisor (o eso creo), cierro la puerta sin hacer mucho
escándalo y me dirijo a mi habitación a oscuras. Mal hecho.
Me tropiezo con la puerta del salón, con el sofá, con la
puerta del corredor (que es un decir) y con la de mi habitación.
La cama sin hacer. Apago la luz e intento desesperadamente encontrarle
una lógica al puzzle de mantas y sábanas. Me doy por vencido
y apago la lamparita. Todo me da vueltas. Mañana será otro
día de depre y mal rollo. Pero al fin y al cabo un nuevo día.
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